envueltos en libros

leemos libros porque en casa nunca tuvimos televisor

Martes
Sep 23,2008

Porque todo cabe en una canción (o en un poema)

La primavera según Brighter y Javier Heraud

Brighter - Hope spring’s eternal (Disney, 1992 - Sarah Records)

 

1

Estoy en espera del otoño

La primavera trabó mi palabra
cuando yo me sacudía de todos
los abrigos y de todas las frazadas.
La primavera
–digo–
entreabrió mis palabras:
siempre me detuvo
en el mismo sitio,
y siempre, descontento,
tuve que llegar
a lugares inseguros, tembloroso
(junto al río,
cerca al campo,
próximo a la carretera
y a las uvas).

El verano me trajo
dos o tres interjecciones
pero no pude ir al mar
como quería
y hube de quedarme entre mi casa,
entre mis tiernos libros olvidados.

5
Estamos en espera del otoño.
Los inviernos nos niegan
altas noches,
el verano riega nuestro cuerpo,
la primavera nos despierta del invierno.

(…) “Primavera, ya sé que tú te acercas, pero no traigas para mí esta vez la muerte, tú ya sabes y conoces mi amor a la soledad. Si quieres, contigo visitaré los parques, sacudiré a los árboles, arrancaré las flores, me beberé la lluvia; iremos de casa en casa, tocaremos las puertas y diremos: a levantarse todos, por esta vez se han acabado las frazadas, este es el tiempo de la resurrección y estamos como siempre entre los campos, durmiendo o descansando, pero no hemos olvidado los pesares de los fríos…; si quieres, Primavera, te acompañaré a las batallas si han de producirse en esta época del año, pero no introduzcas en mi cuerpo la misma desazón acostumbrada, no hagas entrar a la muerte por tu puerta”.

HERAUD, Javier. En espera del otoño. Fragmentos 1 y 5. En: Estación reunida. Lima: Mesa Redonda, 2008. pp. 92-96.

Viernes
Sep 19,2008

Otras tardes de Luis Loayza

según Miki

1. Tardes

Hace muchos años, los libros de fantasmas traían una advertencia en la carátula que recomendaban no ser leídos durante la noche. A la inversa, el maestro Cabrera Infante recomendó alguna vez leer uno de sus libros exclusivamente de noche. Otras tardes, sobra decirlo, debería traer la advertencia de solo ser leído durante las primeras horas de la tarde y –esto es una opinión personal– preferentemente durante el invierno.  No sé si esta convicción esté relacionada con el hecho de que leí, releí y hasta compré este libro siempre por la tarde. Recuerdo que hace tiempo, cuando vivía en Chiclayo, solía caminar cerca de veinte cuadras desde mi casa hasta una librería en la que solían rematarse saldos de libros de gran tiraje que salían junto a periódicos. Una de esas tardes encontré una torre entera de una colección de libros de Adobe editores que habían aparecido con el diario Expreso, a dos soles cada uno. Compré casi todos los títulos que hallé y, entre ellos, estaba Otras tardes. A la tarde siguiente, sobre mi cama y tratando de recuperarme del almuerzo, leí por primera vez a Luis Loayza (Lima, 1929).

2. Leyenda

Ser joven es aguardar lo que seremos alguna vez, todo se va dejando para más tarde; de pronto Jaime comprendía que no haría nunca lo que no había hecho hasta ahora, ya no le agitaban más el apetito o la esperanza.

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Domingo
Sep 7,2008

Si hubiera sonreído, ¿por qué habría sonreído?
Por reflexionar que cada cual que entra se imagina ser el primero en entrar siendo así que siempre es el último término de una serie precedente aunque el primer término de otra sucesiva, imaginando cada cual ser el primero, último, solo y único, siendo así que no es ni el primero ni el último ni solo ni único en una serie que se origina en y se repite hasta el infinito.

JOYCE, James. Ulises. Barcelona: Tusquets, 2004. Novena edición. p. 736.

Viernes
Ago 29,2008

Catedral de Raymond Carver

según Lupi

Hay tantas cosas que no sabemos, cosas que ignoramos, voluntaria o involuntariamente… Tantas cosas que caen en la cajuela trasera del auto a la que llamamos destino a veces, otras casualidad o sinsentido, y que sacamos cuando nos conviene. Tantas pero tantas tantas cosas que nos llenan de incertidumbre, de temor, de esperanza, que nos permiten seguir viviendo o nos empujan hacia abajo como una bola gigante de metal. Tantas esas cosas tantas se encuentran presentes todas en los relatos de Raymond Carver, y aparecen justo cuando terminan todos y cada uno de sus cuentos. Como la clásica luz al final de un túnel que nadie sabe adónde llevará. Un atisbo de revelación de lo que será una autopista, unos rieles quebrados de tren, el brillo de los ojos del amor de nuestra vida, o simplemente el túnel que nos llevará a la muerte, los relatos de Carver nos comunican todo diciendo nada.

“Now let us pray,” I said, and the blind man lowered his head. My wife looked at me, her mouth agape. “Pray the phone won’t ring and the food doesn’t get cold,” I said.

De la misma manera de los libros que me gustan tanto, pero de forma más abrupta, lo obvio y lo desconocido se mezclan en Carver comunicando como ningún otro la mágica y casi milagrosa decadencia en que vivimos. Y utilizo la palabra comunicar, porque Raymond Carver no plasma, ni expresa, ni manifiesta absolutamente nada de la esencia de sus cuentos, sino más bien los comunica en cada detalle seco, cada palabra retenida, cada expresión de sus lacónicos personajes. Unas personas alienadas de su entorno, a veces indiferentes, otras abstraídas, pero que sin embargo logran conmover como nadie tan solo con un gesto o una mirada, a comparación de diálogos dramáticos y situaciones extremas que si nos arrancan alguna lágrima es porque vivimos a través de ellos, más que aprehender su situación y su realidad.

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Lunes
Ago 25,2008

Monumento a Fernando Pessoa en el barrio de Chiado en Lisboa. Fuente.

Releo, sí, estas páginas que representan horas pobres, pequeños sosiegos o ilusiones, grandes esperanzas desviadas hacia el paisaje, penas como cuartos donde no se entra, ciertas voces, un gran cansancio, el evangelio por escribir.

Cada uno tiene su vanidad, y la vanidad de cada uno es su olvido de que hay otros con un alma igual. Mi vanidad son algunas páginas, unos fragmentos, ciertas dudas… (…)

Lloro sobre mis páginas imperfectas, pero quienes vengan mañana, si las leen, sentirán más con mi llanto de lo que sentirán con la perfección, si yo pudiera conseguirla, porque me privaría de llorar y con ello incluso de escribir. El que es perfecto no se manifiesta. El santo llora, y es humano. Dios está callado. Por eso podemos amar al santo, pero no podemos amar a Dios.

Pessoa, Fernando. El libro del desasosiego. Barcelona: Acantilado, 2002. Traducción de Perfecto E. Cuadrado.

Queremos dedicarle este post a todas las personas que se han tomado el tiempo de votar por este blog en el concurso 20blogsperuanos, en especial a nuestras familias por tanto entusiasmo y fe depositada en nosotros desde el inicio. Para nuestra sorpresa, hemos quedado entre los tres finalistas en la categoría Literatura. ¡Gracias a todos!

Lunes
Ago 18,2008

Cuando murió Kizuki aprendí una cosa. Quizá me resigné a hacerla mía: “La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”.

Es una realidad. Mientras vivimos, vamos criando la muerte al mismo tiempo. Pero ésta es solo una parte de la verdad que debemos conocer. La muerte de Naoko me lo enseñó. Me dije: “El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso”. Pensé en ello, noche tras noche, en mi soledad, oyendo el ruido de las olas y el rugido del viento. Vacié muchas botellas de whisky, morsdiqueé pan, bebí agua de la petaca en mi larga marcha hacia el oeste, con la mochila dando bandazos a mi espalda y el pelo lleno de arena…, día tras día de aquel principio de otoño.

Murakami, Haruki. Tokio Blues. Norwegian wood. Buenos Aires: Tusquets, 2005. p. 358. Traducción de Lourdes Porta.

Viernes
Ago 15,2008

El barón rampante de Italo Calvino

según Lupi

El barón rampante fue el primer libro que me hizo sentir esa tristeza especial. La tristeza que sientes cuando lees las maravillas vividas en el libro y la comparas implícita e inevitablemente con tu propia vida. Clases tediosas, autobuses tóxicos, ir y venir en una rutina sin sentido, a comparación de una aventura sobre árboles, árboles y más árboles, y sus miles de hojas y hojitas verdes verdes verdes. La aventura de Cosimo Piovasco de Rondò, el (anti)héroe de la villa de Ombrosa, Italia, que el 15 de junio de 1767, a los doce años de edad, decidió alejarse de nosotros, la gente de a pie, e irse a vivir sobre los árboles para siempre.

Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cosimo Piovasco di Rondò, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. (…) Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas. Cosimo dijo: - ¡He dicho que no quiero y no quiero! - y rechazó el plato de caracoles. Jamás se había visto desobediencia más grave.

Fue una decisión total e inapelable. Cosimo se negó a comer los pobres caracoles que su hermana Battista, monja doméstica, había cocinado y dispuesto en la mesa tras un infructuoso intento con su hermano por salvarlos de su terrible destino gourmet. Vestido como el pequeño noblecito que era, se levantó de la mesa familiar y corrió hacia los árboles para nunca más bajar de ellos; dejando a su hermano menor en la mesa acatando las empolvadas normas de sus anticuados padres, sintiéndose culpable por haberlo decepcionado, por ser tan cobarde y no poder seguir el arbóreo camino escalado por Cosimo.

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Martes
Ago 12,2008

Veredictos discutidos de Edgar Lustgarten

según Miki

Edgar Marcus Lustgarten nació en 1907 en Manchester. Estudió en Oxford y durante su vida trabajó como periodista, cronista, abogado, conductor de programas para la televisión y escritor de novelas de misterio. Algunos dicen que, antes que nada, era simplemente un cazador de historias. Sobre su método para escribir, apuntan Borges y Bioy Casares en la introducción que le prepararon a este libro, señaló alguna vez que simplemente no lo tenía: tendía a escribir en cualquier parte, sobre servilletas y hojas dispersas a bordo de autobuses, en bares y también mientras caminaba por la calle. Ese desorden, sin embargo, contradice directamente a la pulcritud de su prosa y su fina estructura. En su temática, su obra oscila brillantemente entre la novela de misterio y la documental, lo que hace que muchos los identifiquen como un olvidado precursor de Truman Capote.

El asesinato premeditado y cuidadosamente urdido no es un juego de salón. Para realizarlo se necesita dureza de corazón, insensibilidad de espíritu, indiferencia ante el sufrimiento y desprecio por la vida humana. Estas condiciones resultan repugnantes en el hombre y contra su propia naturaleza en la mujer. El asesino por cálculo es vil; la asesina por cálculo es una paradoja enigmática.

Veredictos discutidos cuenta los hechos y el proceso judicial involucrado de seis famosos asesinatos ventilados en cortes inglesas y norteamericanas durante las primeras décadas del siglo XX. La excelente y documentadísima descripción de los hechos viene seguida de una genial recreación de la atmósfera del proceso. Detrás, como sutilmente, emerge la idea de la justicia como un ideal demasiado tendencioso. No existe un proceso puro, ajeno al entorno en el que se desenvuelve y a la forma de pensar de quienes participan en él, parece tratarnos de decir Lustgarten. Los fallos judiciales son tan influenciables como el mismo parecer humano y, necesariamente, están plagados de sus mismos demonios.

Nadie sabrá lo que ocurrió aquella tarde de invierno, hace muchos años, en la choza en la que vivía Thorne. ¿Asesinó él intencionalmente a Elsie Cameron, como lo creyeron los jurados, para evitar la inoportuna necesidad del casamiento y quedar libre para cuando él quiso entregarse a su nueva pasión? ¿O hubo una lucha cuando él quiso abandonar la choza, con esta terrible pero impremeditada consecuencia? ¿O -y ésta es la alternativa más tremenda- Thorne no dijo nada más que la verdad? (…)

Cualquiera de estas decisiones habría exigido un corazón de piedra y nervios de acero. Thorne poseía ambas características, como lo había probado en las semanas anteriores a su arresto. Esta veta inhumana en la personalidad del hombre impide la apreciación exacta del valor de las pruebas y hace que sea uno de los más desconcertantes asesinos condenados.

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Sábado
Ago 2,2008

El escritor chileno Alejandro Zambra estuvo en Lima estos días participando en la FIL 2008 y Marco Sifuentes le realizó esta interesante e íntima entrevista para Utero.tv, en donde habla de la eterna pugna peruano chilena, de literatura peruana, de sus referentes culturales y de Alberto Fuguet.

Otro blog de libros que sí hizo su tarea durnate esta FIL fue Porta 9, en donde entrevistaron a Alejandro Zambra y Alberto Fuguet, totalmente recomendables.

Domingo
Jul 27,2008

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Borges imaginaba el paraíso como una biblioteca en la que estuviesen todos los libros del mundo: los que ya se escribieron y los que aún ni siquiera se han concebido en la imaginación del autor. Google Book Search no se compone, como la de Borges, de un número infinito de galerías hexagonales, pero sí alberga más libros de los que cualquier biblioteca promedio podría disponer (750,000.00 volúmenes a inicios del 2008) y, por ende, constituye un esfuerzo importantísimo por rescatar nuestro patrimonio bibliográfico de la trampa de los registros analógicos. Sin embargo, lejos de ser un paraíso, desde su inicio Google Book Search ha sido el centro de continuas discusiones sobre la forma en la que, a través de su plataforma de búsqueda bibliográfica, podrían vulnerarse los derechos de autor de escritores, investigadores y editoriales. Esta cuestión se asemeja a ese espejo a final del zaguán de la Biblioteca de Babel: a algunos les parece puesto ahí para dar una falsa sensación de continuidad mientras que a otros les parece la promesa del infinito.

El Decreto Legislativo 822, Ley sobre el Derecho de Autor, señala en su artículo 52 que el derecho patrimonial de un autor sobre su obra dura toda la vida de éste y hasta setenta años después de su fallecimiento. Es decir, que respecto de un libro en particular podemos encontrarnos con tres situaciones: (1) que nos encontremos dentro del plazo de la norma y sea posible de ser adquirirlo comercialmente; (2) que nos encontremos dentro del plazo de protección de la norma pero dicha obra esté agotada; y, (3) que se haya cumplido el plazo de la obra y la misma sea de dominio público.

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