What I like best is a book that’s at least funny once in a while. I read a lot of classical books, like The Return of the Native and all, and I like them, and I read a lot of war books and mysteries and all, but they don’t knock me out too much. What really knocks me out it is a book that, when you’re all done reading it, you wish the author that wrote it was a terrific friend of yours and you could call him up on the phone whenever you felt like it.

SALINGER, Jerome. The catcher in the rye. New York: Back Bay / Little, Brown and Co., 2001. p. 25.

Good bye. Aquí nos quedamos sus amigos, Mr. Salinger. Aunque nunca nos conocimos ni llegamos saber mucho de usted, nunca dejamos de considerarlo un amigo.


J. D. Salinger
(New York, 1919 – New Hampshire, 2010)

La hora de partir

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Y cuando los timoneles hubieron alejado las naves de la playa con sus fuertes pértigas, y se enderezaron los mástiles entre las filas de remeros, supe que habían terminado las horas de los alardes, de excesos, de regalos, que preceden las partidas de soldados hacia los campos de batalla. Había pasado el tiempo de las guirnaldas, las coronas de laurel, el vino en cada casa, la envidia de los canijos, y el favor de las mujeres. Ahora, serían las dianas, el lodo, el pan llovido, la arrogancia de los jefes, la sangre derramada por error, la gangrena que huele a almíbares infectos.

CARPENTIER, Alejo. Semejante a la noche. En: Guerra del tiempo. Lima: Adobe, 2000. p. 60.

Estamos en el grupo de cinco finalistas en la categoría a Mejor Blog de Crítica Literaria Extranjero en los Premios Revista de Letras de España. Las votaciones corren hasta finales de enero de 2010 en la siguiente dirección:

http://www.revistadeletras.net/votaciones/

Los invitamos a votar por su blog favorito. Desde ya es un honor compartir categoría con blogs tan buenos como el Blog de Libros de nuestra amiga Mariana del Rosal o el Notas Moleskine de Ivan Thays!

El Proceso de Franz Kafka bajo la atenta mirada de Orson Welles

Orson Welles asumió un gran reto cuando en 1960 le propuso al productor Alexander Salkind hacer una película sobre la novela El Proceso de Franz Kafka. Desde su publicación en 1925, un año después de la muerte de su autor, El Proceso había sido una novela admirada y cuestionada a la vez por lo difícil de su lectura, por la negativa de Kafka a publicarla en vida y por lo que representaba en la obra de un escritor que cada vez cobraba mayor importancia a nivel mundial. Orson Welles se comprometió a filmarla y decidió no hacer una traducción de la novela al cine, sino más bien tomar la historia y hacerla suya. Por ello, antes que una adaptación directa, la película es una remezcla de la historia original bajo los propios términos de Welles. Esta intervención se deja ver tanto en la historia como en el tratamiento estético del filme.

El que la novela El Proceso se haya publicado en forma póstuma es un elemento clave en cualquier aproximación interpretativa. El Proceso sobre el que se basó la película es fruto de un intento de conglomeración de los capítulos hallados a la muerte del autor, pero no representa fielmente la idea que Kafka tenía de la novela y de la historia. En los meses anteriores a su muerte víctima de una larga enfermedad, Kafka encomendó a su amigo Max Brod la incineración de todos sus cuadernos y manuscritos. Conocedor del valor que dichos escritos tenían para la literatura universal, Brod traicionó la confianza de Kafka y se dedicó a ordenarlos y publicarlos íntegramente durante los siguientes años. En el caso particular de lo que hoy conocemos como la novela El Proceso, lo que Brod halló fue una serie de cuadernos que relataban una historia común a un solo personaje: Josef K., pero en episodios individuales sin un fuerte nexo narrativo que Kafka había escrito durante los años de la Primera Guerra Mundial[1]. Fue así que él mismo intentó ordenar los capítulos y publicó una primera edición en 1925 en el que él creía era el orden de la novela. Para la segunda edición, se publicaron como anexo los capítulos incompletos que no fue posible ubicar temporalmente en la línea histórica de la primera edición. El Proceso que hoy conocemos, por ende, es más bien un reflejo de un intento de composición de la novela. El orden original de la novela es aún un misterio[2].

Te falta leer lo mejor…

gati

“La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.”

Jorge Luis Borges

Se dice que cada hombre lleva un libro en su interior. Esto es casi tan exacto como la mayoría de las generalizaciones. Tomemos, por ejemplo, “Acostarse temprano y levantarse temprano hacen al hombre ya sabe usted-qué”. Esto es una paparrucha. La mayor parte de la gente rica que conozco prefiere dormir hasta mediodía y es capaz de despedir al criado si se les molesta antes de las tres de la tarde. Decidme, os lo ruego (esto lo he sacado de Mujercitas), ¿qué personas son las que se levantan con el alba? Policías, bomberos, basureros, conductores de autobús, dependientes y otros de las clases más humildes. No ves a Marilyn Monroe levantándose a las seis de la mañana. La verdad es que yo no veo a Marilyn Monroe levantándose a ninguna hora, lo que es una lástima. Estoy seguro de que si pudieses escoger, preferirías contemplar a Miss Monroe levantarse a las tres de la tarde que ver al más eficiente basurero de tu ciudad saltar de la cama a las seis de la mañana.

MARX, Groucho. Groucho y yo. Barcelona: Tusquets, 1992. p. 15.

Pedro Páramo de Juan Rulfo

según Miki

Hay frases iniciales que se quedan con uno para siempre. Basta con leer, por ejemplo, “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana” o “Llámame Ismael.” para que a uno se le erice la piel. Pedro Páramo, la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), se abre con una frase igualmente conmovedora y profética “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Apenas termino de leer esta frase, siento que podría suceder cualquier cosa.

El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: “Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él”. Pensé: “No regresará jamás; no volverá nunca.

La novela cuenta la historia de Juan Preciado, un joven que le prometió a su madre en su lecho de muerte viajar a “cobrarle” a su padre el olvido en el que los tuvo desde su nacimiento. Así, llega a un pueblo perdido en la geografía mexicana llamado Comala en busca de ese tal Pedro Páramo que había frecuentado a su madre durante los años de la revolución mexicana. Aunque parece no haber nada ni nadie en el pueblo, desde su llegada Juan Preciado será abordado por un concierto de voces extrañas que lo asaltarán de a pocos con sus propias historias.

Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.
Lejos, perdido en la oscuridad, se oía el bramido de los toros.

Juan Rulfo se quedó huérfano a los diez años y desde entonces creció prácticamente solo, primero con sus abuelos y luego en un orfanato. En su vida, como en la vida de Juan Preciado, sintió muchas veces la ausencia de una figura paterna. Conoció las historias paralelas sobre las guerras cristeras y sobre los miles de hijos no reconocidos que la guerra regó por México. Aunque vivió hasta casi los setenta años solo publicó dos libros, que le valieron ser considerado como un de los escritores imprescindibles en habla hispana. Ese fue su propio viaje de descubrimiento. Pedro Páramo –“una de las mejores novelas en lengua hispánica, y aún de la literatura” según Borges– fue su cuaderno de viaje.

Este es un libro lleno de fantasmas y de ausencias. Hay una profunda pena que atraviesa la novela. A través de las narraciones de los distintos personajes, escondidos entre los escombros de Colama, Preciado irá armando el rompecabezas de la vida de su padre. Una vida que, aunque lejana, resultará sospechosamente similar a la suya. La pérdida de un ser querido, la desesperación, el larguísimo desierto mexicano dentro del cual todos somos insignificantes. Un tirano, que se llama Páramo pero que bien podría llamarse Videla o Trujillo, herido por una pérdida sentimental que va progresivamente arrastrando a la ruina a su pueblo.

Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti. ¿Cuántas veces invité a tu padre a que viniera a vivir aquí nuevamente, diciéndole que yo lo necesitaba? Lo hice hasta con engaños.

Foto de J.Rangel, CC BY-NC-ND

En realidad existe un amor físico a los libros muy diferente al amor intelectual por la lectura. Por lo general el gran lector no ama a los libros, así como el don Juan no ama a las mujeres. El gran lector coge los libros conforme caen en sus manos, los usa y los olvida. El amante de los libros, en cambio, los ama en sí mismos como cuerpos independientes y vivos, como conjunto de páginas impresas que es necesario no solamente leer, sino palpar, alinear en un estante, incorporar al patrimonio material con el mismo derecho que al bagaje del espíritu. El amante de los libros no aspira solamente a la lectura sino a la propiedad. Y esta propiedad necesita observar todas las solemnidades, cumplir todos los ritos que la hagan incontestable.

RIBEYRO, Julio Ramón. El amor a los libros. Artículo para El Comercio, 1957.

Amanecer

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Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir; y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo de menos.

VALLEJO, César. Poema LVI. Trilce. Obras Esenciales. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004. p. 231.

El cartero llama dos veces de James M. Cain

según Miki

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Esta es una novela negra, no es una historia feliz. Hay gente que muere, varios tipos malos y aparecen abogados contratados por aseguradoras. Hay, como tantas veces, un pueblo pequeño y apacible (casi marginal) que se ve inmerso en el escándalo de un trágico accidente que involucra a tres personas perfectamente corrientes a los ojos de todos. Para mí, la novela se abre con un gran plano abierto: la imagen de un hombre que deambula por el extremo de una autopista interestatal de California, con las manos dentro de la casaca de cuero y sin otro equipaje que lo que lleva puesto y una cajetilla de cigarros por la mitad. En el fondo, apenas divisa el letrero mal iluminado de una cafetería para camioneros. Mientras se sienta y conversa con el encargado de la fonda, Frank Chambers –nuestro protagonista– es incapaz de adivinar hasta qué punto su destino va a quedar marcado por ese momento. Entonces pide un café o huevos o quizás ambas cosas y lo captura la imagen de una mujer trabajando en la cocina. Conoce a Nick Papadakis, dueño de la fonda, quien le ofrece trabajo y lo hospeda en su casa. La mujer resulta ser la esposa de Papadakis, una mujer silenciosa y un poco arisca de quien Frank termina tormentosamente enamorado. Ello desencadena un triángulo de engaños y muerte de la que todos saldrán perdiendo. Esta, lo repito, será siempre una novela negra o un drama policial: cualquier cosa menos una historia feliz.

Se podría decir que el tema central de El cartero llama dos veces es las oportunidades. La novela cuenta la historia de cómo, por mero azar, dos personas sin escrúpulos terminan cometiendo un crímen pasional que acaba por envolverlos a ellos mismos, por enfrentarlos a su propia naturaleza oportunista y finalmente destruirlos. A mí me trae la evocación de los clásicos ambientes de la novela negra, las habitaciones oscuras y los tipos misteriosos que fuman sin descanso. Frank y Cora solo son capaces de sentir una conexión con sus propias ambiciones. Ella venía de una familia problemática y desarticulada, de un mundo en el que casarse con un hombre mayor con dinero era siempre una forma de progreso. Él venía de varias temporadas en la prisión de San Francisco, de muchas noches apostando en cantinas y enamorando mujeres. Más que un cruce, el trazo de sus destinos les aguardaban una colisión.

A su manera, y guardando las distancias, pienso el argumento de El cartero llama dos veces es una revisita a Los Miserables de Victor Hugo. Todos sus personajes son personas infelices, marginales, que ostentan siempre un vicio (las mujeres, el dinero, el acohol) más que como un estigma, como un rasgo definitorio de su personalidad. Pero ninguno intenta cambiar salvo Cora. La novela podría leerse también como la historia de la corrupción definitiva de Cora. Todos a su alrededor saben quién es y saben que finge cuando sirve el café en la fonda de su esposo. Ella misma lo sabe pero, tras un trágico incidente, intenta tomar un nuevo rumbo, asentarse, quizás hasta tener una familia. En el fondo quiere volver a ser la chica rubia de un pueblo pequeño que sueña con ir al cine o a las fiestas. Pero es muy tarde. Cora no puede desligarse de su naturaleza ni de su entorno. Ese mismo entorno que la destruirá.

Existen hasta cuatro adaptaciones de esta novela al cine. Una del año 1946,  a cargo de Tay Garnett, con Lara Turnes y Jhon Garfield como protagonistas. La segunda, dirigida en 1981 por Nick Rafelson, tiene como protagonista a un joven Jack Nicholson. Pero, sin duda, la mejor adaptación de todas es la realizada en 1942 por el genial Luchino Visconti considerada como la película que inició el movimiento del neorrealismo italiano.

Título original: The Postman Always Rings Twice
Autor: James M. Cain (Maryland, 1892 – 1977)
Año de publicación: 1940
158 páginas en la edición de Emecé-Planeta, Buenos Aires, 2003.

Sobre este blog

Envueltos en libros no es una página sobre libros sino sobre gente que lee libros. Nos gustan las críticas y las reseñas pero de chiquitos nos creímos el floro de que hay un libro distinto que se revela frente a cada lector del mismo. Este es nuestro intento.

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