No me esperen en abril de Alfredo Bryce Echenique
según Miki

No le faltaba nada, le enseñaban, le repetían, era un chico con muchísima suerte, pero él sentía que era más lo que le faltaba por conocer, por aprender, por descubrir. Se lo decía su intuición, le dolía su corta y alegre y dolorosa experiencia, la mirada que veía siempre algo más, algo distinto a lo que le estaban enseñando en su casa, en el colegio, en todas partes, en la vida. (p. 29)

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