Las inquietudes de un brigadier distraído

19 Oct

No me esperen en abril de Alfredo Bryce Echenique
según Miki

No le faltaba nada, le enseñaban, le repetían, era un chico con muchísima suerte, pero él sentía que era más lo que le faltaba por conocer, por aprender, por descubrir. Se lo decía su intuición, le dolía su corta y alegre y dolorosa experiencia, la mirada que veía siempre algo más, algo distinto a lo que le estaban enseñando en su casa, en el colegio, en todas partes, en la vida. (p. 29)


Manongo está sentado a un costado de la piscina del Country Club. Lleva puestas sus sempiternas gafas negras y fuma con la impostura de un dandy su cigarrillo Inca. Seguro espera que Tere salga de los vestidores para compartir una butifarra o un beso muy húmedo y con sabor a cloro de piscina. Su vida es perfecta. Aún faltan varias semanas para que empiece el colegio y desea con toda el alma que esta tarde de verano no acabe nunca. Mañana volverá a caminar el tramo que separa su casa en la avenida Salaverry del barrio Marconi y luego irá junto a sus amigos todo de frente por Alberto del Campo hasta el Country, con el sol ahí arriba que ilumina una Lima que se vive a sí misma, para la que Odría, Prado, Belaúnde o Velasco son solo nombres en una guía de teléfonos y donde el amor vive en los cines, en las piscinas y, por qué no, quizás hasta en el aire. Y entonces el abril escolar, ese maldito primer día de abril pintado de gris, no llegará nunca.

No me esperen en abril es la historia de la vida de Manongo Sterne desde su primer amor en el San Isidro de 1953 hasta bien entrados los años ochenta. Manongo es otro de esos simpatiquísimos alter egos de Bryce que protagonizan sus novelas, un poco maniaco y con una gran sensibilidad para con el resto. Un niño de doce años que acaba de salir de la primaria y es enviado a un internado inglés en Los Ángeles, Chosica. Y todo el verano antes de abril, y de abril en adelante también, empezará a entrar en eso que los médicos y los educadores llaman adolescencia pero que para él se llamarán primer amor, amigos inolvidables, Lucho Gatica y el descubrimiento de un país que no conoce y del que nunca hablaron en la primaria las monjas de su colegio. Además de la clásica dicotomía, tan presente en las novelas de Bryce, entre la clase alta y la clase baja, Manongo también descubrirá lo doloroso que puede llegar a ser el paso del tiempo. Conforme la novela avance, sus amigos empezarán a irse, romperá con su primera novia, tendrá nuevas alegrías pero también nuevas preocupaciones y cuando menos lo piense será un adulto, un hombre derecho aunque no muy seguro de estar del todo hecho. Y vendrán los años y el tiempo de ser serio, que es como el abril que nos toca a todos: el momento en el que dejamos el verano y la alegría de no tener nada en los bolsillos ni en la cabeza para ser grandes.

Y los grandes amores, siempre que se van, dicen cosas hediondamente prácticas. (p.476)

Hace tiempo salía con una chica que nunca llegó a terminar de leer No me esperen en abril. Me decía que le parecía un libro profundamente triste, en el que las partes divertidas te dolían más porque sabías que iban a borrase conforme avanzara la trama. Todo el que ha leído este libro tiene una historia con él, porque todos podemos jugar a ser sus protagonistas. Un amigo me contó que una vez se enamoró de una chica y leían el libro juntos y jugaban a ser parte de la trama. Otro chico una vez me dijo que era un libro y a la vez el libro de nuestras vidas, porque es imposible no tener catorce, quince o dieciséis y no sentir que ella es la chica, que ésos son tus amigos del alma, que esa ciudad es tuya como nunca y que todo puede estar dando vueltas pero tú eres feliz. Entonces podrán llegar las catástrofes que sean, pero el recuerdo de esos años y tantas cosas compartidas se convertirán siempre en el oxígeno necesario para sobrevivir a la adultez. Porque leer No me esperen en abril es como llegar del colegio y almorzar con tus padres, como el olor de los zapatos recién lustrados un lunes por la mañana, como es última hoja de todos los cuadernos escolares en la que teníamos apuntadas tantas cosas, tantos nombres, tantos números y que resume de manera genial lo único que se puede aprender en el colegio: que lo importante de estar vivo es vivir y que el tiempo puede llegar pero que qué mierda si uno ha sido feliz.

“Y mi esperanza fue por dentro. Sigue yendo por dentro. Y a veces se ríe y se burla de mí cuando en la vida cotidiana hasta parece que fuera un canalla, unas veces; un cretino, otras, o aquel muchacho que empezó desde cero por eso de que, cuando iluminé un MG rojo, faltaban pocos meses para terminar el colegio y el baile de promoción era sagrado y cada uno debía asistir con la chica más maravillosa de su vida”. (p. 481)

Título original: No me esperen en abril
Autor: Alfredo Bryce Echenique
Año de publicación: 2005
611 páginas en Peisa, serie Río hablador, segunda edición, 1998.

6 Responses to “Las inquietudes de un brigadier distraído”

  1. laslo 09. Dic, 2007 at 1:45 AM #

    un año que no vale la pena recordar (1992, ¡disolver!) me tire la pera en abril y no regrese sino hsta varios meses despues. debi haber leido este libro entonces, pero lo lei cuando estaba en la universidad, en esa epoca que se me dio por “leer libros de literatura”. recuerdo poco del libro. sí recuerdo que me hacia recordar lo tristemente gris y rutinaria que era la epoca escolar. y esa feliz sensación de saberme fuera de esa rutina, para siempre.

  2. lupilu 09. Dic, 2007 at 3:53 AM #

    Siempre me he preguntado dónde, en qué partes reside la ternura en los libros de Bryce. Es como un tul que lo cubre todo. Quizás el tul de la nostalgia.

  3. Luis 13. Ene, 2008 at 11:51 AM #

    Leí el libro cuando estaba en secundaria. De hecho es el único que he leído de Bryce, porque debido a una razón que ignoro, cada vez que intentaba comenzar otro lo dejaba a las pocas páginas por lo difícil que era para mí entender el texto.
    “NO me esperen en Abril” me conmovió porque, como Ustedes dicen, me sentía un Manongo que necesitaba, je y que aún necesita, una inyección de desahuebina.

  4. manuel 24. Ene, 2010 at 9:52 AM #

    acabo de terminar la primera parte y tengo ganas de ver “historia de tres amores” y escuchar “pretend” a nat king cole

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  1. www.literaturame.net - 24. Oct, 2007

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