La vida como un árbol que crece despacio

20 Dic

Bonsái de Alejandro Zambra
según Miki

Hay en Chile un periódico impredecible y fabuloso bautizado como The Clinic a propósito del lugar en el que estuvo recluido varios años Pinochet en Londres. Una de sus mejores secciones se llamaba “Escribieron en Chile un día” y, en ella, número tras número se reducía a cenizas la obra de muchos escritores populares y, solo algunas y muy justificadas veces, se les reconocía cierto mérito. Pese a que siempre me confesé un lector poco entusiasta de este tipo de críticas -las despiadadas-, la verdad es que me gustaron las columnas que leí. Todas las entregas estaban firmadas por un tal Alejandro Zambra. Recuerdo que esa fue la primera vez que supe de él.

La de Emilia y Julio fue una relación plagada de verdades, de revelaciones íntimas que constituyeron rápidamente una complicidad que ellos quisieron entender como definitiva. Ésta es, entonces, una historia liviana que se pone pesada. Ésta es la historia de dos estudiantes aficionados a la verdad, a dispersar frases que parecen verdaderas, a fumar cigarros eternos, y a encerrarse en la violenta complacencia de los que se creen mejores, más puros, que ese grupo inmenso y despreciable que se llama el resto. (pp. 25-26)

Aunque ya había publicado dos libros de poemas, no fue sino hasta la aparición de Bonsái en la colección Narrativas Hispánicas de Anagrama que Alejandro Zambra pasó de ser un columnista relativamente conocido al nuevo niño mimado de la crítica latinoamericana, al punto de nominarlo como el sucesor de Roberto Bolaño. Este año apareció además La vida privada de los árboles que es, como él mismo lo ha declarado, la hermanastra de Bonsái y en muchos sentidos representa el otro lado de ese mismo espejo. En ambos libros, de menos de cien páginas cada uno, Zambra nos plantea una forma de narrar en la que a manera de sucinto informe de hechos hace emerger la punta casi imposible de divisar de un iceberg inmenso, el de la historia en sí, que se mantendrá oculto incluso después de que el libro termine y uno se ponga a leer otra cosa. Y aquí no se trata simplemente de contar poco, sino que el verdadero talento del autor radica en elegir cuidadosamente qué insinuar. El criterio de selección del narrador no es pues tanto la presentación de lo relevante como sí de lo envolvente. Podría decirse, entonces, que Bonsái es una historia muy compleja y hasta pesada hábilmente enjaulada en menos de cien páginas y de cuyo detalle apenas y llegamos a percibir ciertos ecos.

La novela cuenta la historia de Julio y Emilia, ambos estudiantes de literatura, quienes tras ignorarse mutuamente durante mucho tiempo terminan juntos. Ambos sostienen su relación en un culto compartido por la literatura, al punto de convertir la lectura y el sexo en una sola y única ceremonia. Desde el primer momento, el narrador hábilmente toma distancia de ellos, de los acontecimientos y, a veces, hasta de la misma narración. Esta distancia le permitirá desarrollar sus caracterizaciones fríamente, para que el patetismo de las mentiras que ambos irán poniendo delante de sí caiga por su propio peso. A partir de la lectura de un cuento, Tantalia de Macedonio Fernández, concebirán la idea del cuidado de un bonsái que represente su unión. Tras la ruptura, la depresión de Julio lo llevará a pasar horas de horas encerrado en su habitación cuidando y contemplando el árbol en miniatura. Así, con el paso de las páginas, la obsesión de Julio con el Bonsái crecerá al punto de ser lo único que lo mantiene con vida.

Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final ella muere y Julio no muere. El resto es literatura. (p. 13)

A veces pienso en la historia de Bonsái y la veo como una novela en contra de todas las novelas, que nos trata de decir que no, que la literatura nunca podrá ser la salvación de nadie. Sin embargo, me gusta creer que así como la literatura nunca podrá salvar a nadie, nadie tampoco podrá salvarse del todo sin ella.

El final de esta historia debería ilusionarnos, pero no nos ilusiona. (p. 83)

Título original: Bonsái
Autor: Alejandro Zambra
Año de publicación: 2006
96 páginas en Anagrama Narrativas Hispánicas 391, primera edición.

4 Responses to “La vida como un árbol que crece despacio”

  1. lupilu 20. Dic, 2007 at 1:03 PM #

    “El resto es literatura.” Qué paja que es Zambra.
    Mmmm… Sí, pues, esa es algo así como una antinovela, pero solo “formalmente”. Mmm… porque creo que tiene un efecto similar que una novela “bien novela”, solo que con menos palabras. Te deja preguntándote, desconcertado. Y para responderte no sirve de nada volver al libro, solo imaginar y completar el vacío entre las líneas de las líneas de las líneas, y reconocer que tu propio desconcierto es el desconcierto de los personajes. Creo que ahí está su mérito.

  2. Miki 20. Dic, 2007 at 8:02 PM #

    te quiero, lupita

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