leemos libros porque en casa nunca tuvimos televisor
Habitación en Roma de Jorge Eduardo Eielson
según Miki

dime
¿tú no temes a la muerte
cuando te lavas los dientes
cuando sonrÃes
es posible que no llores
cuando respiras
no te duele el corazón
cuando amanece?(albergo del sole I)
Esta noche, mientras pienso en el maestro Jorge Eduardo Eielson recuerdo el cortometraje que vi sobre su vida en la Feria Internacional del Libro de Lima (Vivir es una obra maestra, Gabriela Yepes - 2006). La cinta es un hermoso recuento de imágenes, palabras y conversaciones, todas convertidas en un relato conmovedor que lleva a la protagonista desde las bibliotecas de Lima hasta las playas de Italia, solo para arribar a Milan dÃas después de la muerte de Eielson. Un documental, finalmente, en el que el documentado principal muere durante la grabación o, simplemente, desparece. Aunque la primera muerte de Jorge Eduardo Eielson nos haya dolido a todos, me reconforta pensar que la mente rabiosamente artÃstica de Eielson sonreirÃa con participar de la ejecución de semejante idea.
Si se piensa bien, algo parecido pasa con la alta literatura. Diferentes autores, de muy diferentes libros, nos informan una y otra vez de una visión similar del mundo. La soledad del hombre medio, el extrañamiento ante el mundo, que los lectores sofisticados buscan en grandes libros cuando estos se publican, lo disfrutan también en toda suerte de bodrios con muchos espacios en blanco e hijos que odian a sus padres. Los lectores sofisticados no buscan en la literatura la sofisticación o la exploración en el lenguaje, sino la confirmación de su visión del mundo, de un mundo sin dioses, donde los hombres hablan solos con sus propias sombras.
Gumucio, Rafael. Las dos literaturas. En: Revista de Libros de El Mercurio. Leer completo.