Léeme

11 Abr

Alice’s adventures in Wonderland y Through the Looking-glass and what Alice found there de Lewis Carroll

según Lupi

Cuando me dijeron que debería escribir una reseña sobre uno de mis libros favoritos, lo primero que pensé fue que no lo haría, ya que para mí hay algunas cosas sagradas que se deben respetar como Alicia en el país de las maravillas y a través del espejo. Pensé que hacerlo sería equivalente a analizar la composición y los colores de una fotografía de mi infancia. A escudriñar las rimas de una de mis canciones favoritas. A reproducir un sueño. Es decir, expresar en palabras algo inefable, reduciéndolo en el proceso, destiñendo la impronta que tengo de ese libro alucinante de Charles Lutwidge Dodgson aka Lewis Carroll, el inglés matemático, lógico, sacerdote anglicano, fotógrafo, que nunca imaginó que sus trabajos más recordados serían sus cuentos para niños.

The White Rabbit put on his spectacles. ‘Where shall I begin, please your Majesty?’ he asked. ‘Begin at the beginning,’ the King said gravely, ‘and go on till you come to the end: then stop.’

No sé por dónde comenzar esta reseña, pero me acuerdo de una de mis citas preferidas de Alicia en el país de las maravillas que me dice que empiece por donde cualquier cosa se debe empezar: por el comienzo. Así que empiezo así. Por el comienzo. Pensando que para un libro tan simbólico como ingenuo como este, el comienzo solo puede ser el presente. Un eterno maravillarse ante todo. Como despertar de un sueño en una mañana soleada con los ojos cansados y los dedos fríos, cinco años más viejo que el día siguiente y diez años más joven que el día anterior.

Down, down, down. Would the fall never come to an end? ‘I wonder how many miles I’ve fallen by this time?’ she said aloud. ‘I must be getting somewhere near the centre of the earth. Let me see: that would be four thousand miles down, I think–’ (for, you see, Alice had learnt several things of this sort in her lessons in the schoolroom, and though this was not a very good opportunity for showing off her knowledge, as there was no one to listen to her, still it was good practice to say it over) ‘–yes, that’s about the right distance–but then I wonder what Latitude or Longitude I’ve got to?’(Alice had no idea what Latitude was, or Longitude either, but thought they were nice grand words to say.)

Como caer por el agujero de un conejo. Como atravesar un espejo. Como navegar por el río Támesis una calurosa tarde de verano con Lewis Carroll como capitán y guía hacia un mundo alucinante. Asomarse al borde del bote y ver en la superficie de las aguas del río el reflejo distorsionado de tu rostro y del cielo y de los árboles. ¿Qué habrá más allá? Allá debajo. Al otro lado.

‘Curiouser and curiouser!’cried Alice (she was so much surprised, that for the moment she quite forgot how to speak good English).

Del otro lado las flores hablan, las orugas fuman pipa sentadas sobre un hongo que puede hacerte crecer o decrecer, las reinas blancas se convierten en cabras y lloran antes de sentir dolor al picarse un dedo, las reinas de corazones mandan a decapitar a quienes les plazca, los caballeros van con un bolso de cabeza y caen de su caballo invariablemente. Hay sombrereros locos que celebran su no-cumpleaños tomando té con conejos no menos locos y ratones dormilones, y huevos equilibrados sobre un muro afilado, y morsas y carpinteros que engatusan a almejas para almorzárselas frente al mar, señoras con bebés cerdo que estrellan miles de platos a la pared. Y un gato de Cheshire con una sonrisa de lado a lado que aparece y desaparece cuando menos lo esperas, cuyos consejos son tan obvios que te dejan más enredado que nunca. Y en medio de todo la pobre Alicia que no sabe cuánto mide de altura ni cuánto debe medir, buscando volver a su casa, a Diana su gata, a su jardín y a su hermana que le dice que ya es tarde, que ya es hora del té.

Imagino a Alice Liddell imaginando a su vez todo este país de las maravillas, sentada en un bote con sus dos hermanas, escuchando las historias que inventaba al momento Charles Dodgson para entretenerlas. Imagino que el sol más fuerte que haya llegado jamás a Inglaterra bajó sobre ellos aquel 4 de julio de 1862 solo para obligarlos a parar y refugiarse bajo la sombra de un puente. Solo para que Lewis Carroll siga inventando este mundo tan lúdico, ingenuo y sabio a la vez ante las miradas expectantes de las tres hermanas Liddell o como él las llamaba: Prima, Secunda y Tertia. Explicando a Secunda, la más entusiasta de todas, los detalles de lo que hay a través del espejo. Pensando quizás qué hubiera hecho y cómo hubiera actuado ella, Secunda, Alice Pleasance Liddell, la segunda de las hermanas en la que se basa el personaje de Alicia. Quizás era igual a ella, una niña caprichosa, testaruda, curiosa, engreída, amable, ingenua, confiada… Como yo, como Carroll, como todos los que tienen algo de niño dentro de sí mismos, lo cual puede y es tanto un fracaso como un triunfo.

Me gusta este libro porque creo que dentro de todo sigo siendo una bicha rara perdida en un juego de ajedrez que no logro descifrar, cuya lógica es tan lógica que es disparatada. Porque aún no sé cuánto mido y cuánto debo llegar a crecer para llegar a la altura correcta. Leer este libro me pone contenta porque me ayuda a no perderme, a no perder esa capacidad de achicarme, de plegarme hacia adentro como un telescopio y volverme pequeña, lo diminuta suficiente como para poder entrar por la puerta también diminuta a Wonderland, pero lo suficientemente grande y cauta para no olvidar coger la llave que me abre esa pequeña posibilidad de entrar. Porque me recuerda que no debo dejar de maravillarme ante detalles que otros parecen obviar, por más extraña que me encuentren, por más ingenua que me crean, y porque salté de alegría cuando me regalaron The Annotated Alice con las ilustraciones geniales de John Tenniel.

At the next peg the Queen turned again, and this time she said, ‘Speak in French when you can’t think of the English for a thing— turn out your toes as you walk—and remember who you are!’

Me gusta este libro porque tiene mil significados y rostros, porque no me llaman la atención historias casi autobiográficas o cercanas a mi realidad, y porque sé que en esos reflejos distorsionados de Alicia en el país de las maravillas se encuentra la esencia de muchas cosas y personas y situaciones del “mundo real” que, distorsionados, por fin cobran más sentido. Como si en medio de sus sombras, un rayo de locura los iluminara poniendo al descubierto su realidad: que en este mundo arriba es abajo y adentro es afuera, pero lo que no cambia somos nosotros: locos o cuerdos, dependiendo de si abajo es arriba o afuera es adentro. Y todo lo contrario.

Cliquéame.

Cliquéame again.

6 Responses to “Léeme”

  1. Yahella 11. Abr, 2008 at 3:29 PM #

    Coincido con todo lo escrito Lupis sip sip sip

  2. Gian 13. Abr, 2008 at 7:10 PM #

    me identifico mucho con lo que dices a pesar de no haber leido este libro (y casi ningun otro, en realidad). gracias por escribir esto, es bueno saber que hay mas personas que encuentran disparatada la descomunal lógica que guarda la logica de las cosas…es como para volverse loco. quiero leer ese libro, deseame suerte porque siempre demoro un huevo por problemas de concetracion jaja.
    saludos!

  3. Lewis Carrol 13. Abr, 2008 at 7:32 PM #

    Impressive, my dear.

  4. Sir H. Dumpty 13. Abr, 2008 at 7:42 PM #

    ¡¿Nada más que “huevos equilibrados”?! Ojalá se te reviente el ojo al pasar a toda velocidad sobre una sinécdoque. ¡jum!

  5. Jim 16. Abr, 2008 at 10:59 AM #

    Decidme una dirección de e-mail para escribiros.
    El mío: janaru@gmail.com
    Tengo una información para vosotros.

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