Un hombre maduro que colecciona discos viejos

In: Reseñas

16 Abr 2008

Alta fidelidad de Nick Hornby

Según Miki

Una primera observación. A los trece o catorce años, mucho antes de que los libros apareciesen irremediablemente en mi vida, mi primer amor fue la música. Entonces eran tardes larguísimas mirando el techo de mi habitación, tratando de no pensar en nada y escuchando siempre los mismos discos una y otra vez. Conforme fui creciendo, la música creció también conmigo y llego a convertirse en casi una obsesión. Así, mis cinco bandas preferidas de aquella época del primer amor por la música fueron: The Clash, Asmereir, Attaque 77, Futuro Incierto y Ramones. Claro que ahora han pasado algunos años más, algunos discos los he dejado de escuchar y he vuelto a escuchar otros de esa época preguntándome por qué nunca los había conocido antes. Prueba de ellos es que existen canciones en mi vida que vinculo a sucesos, a períodos o a personas casi automáticamente al escucharlas. El punto de esto es que la música, para quienes nos sentimos tan estrechamente vinculados a ella, tiene un poder autobiográfico.

¿Qué vino primero, la miseria o la música? ¿Escuché música porque era miserable? ¿O era miserable porque escuchaba música? ¿Todos esos discos te convierten en una persona melancólica?

La gente se preocupa porque los chicos juegan con armas, y porque los adolescentes miran videos violentos; vivimos asustados porque algún tipo de cultura de la violencia los arrase. Sin embargo, nadie se preocupa porque los chicos escuchen miles –literalmente miles– de canciones sobre corazones rotos y rechazos y dolor y miseria y périda. La gente menos feliz que conozco, románticamente hablando, son aquellos a los que les gusta la música pop; y no se si es que es la música pop la que ha causado esta infelicidad, pero sí se que se la han pasado escuchando canciones tristes más tiempo del que han estado viviendo sus infelices vidas.

Rob Fleming vive en Londres, tiene treinta y seis años, un suéter horrible, una tienda de discos a la que casi nadie va, dos empleados imposibles y una novia que acaba de dejarlo para irse a vivir con el vecino. Sumido en su tragedia, con una botella de vino blanco en la mano y el Abbey Road sonando a todo volumen, decide sacar todos sus vinilos y reorganizarlos, ya no alfabética ni cronológicamente, sino autobiográficamente según el orden en el que los compró. Para empezar, se dice, basta con encontrar el Revolver de The Beatles y seguir desde ahí. Escribirá su autobiografía sin necesidad de un solo papel.

Este libro tiene una historia particular para mí. Fue Santiago Roncagliolo quien, hace algunos años, me recomendó leer a Hornby. Creo que yo le conté algo así como que quería escribir sobre música y él rápidamente me habló de él. Le confesé que no lo había leído y que tampoco había visto la película. Recuerdo que apunté HORBEE en mi mano y estuve unos meses buscando el libro sin esperanzas por las librerías de Lima. Fue recién el verano antepasado que pude encontrarlo en su versión en inglés. Recuerdo que comencé a leerlo en el autobús de regreso y luego de a pocos durante una semana o algo hasta que, no sé bien cómo, un día lo perdí de vista y cuando lo busqué ya no lo encontré. Solo hace unos meses pude retomar su lectura (lo volví a comprar) y la semana pasada, por fin, vi la película. ¿Tengo que decir que preferí el libro?

Me gustaría hacer un top cinco de canciones que no me hagan sentir nada en absoluto; así, Dick y Barry me harían un favor. Lo que es yo, escucharé a los Beatles al llegar a casa. Probablemente el Abbey Road, aunque programaré la radio para que salte “Something”. Los Beatles eran cartas de goma de mascar y Help en las matinés de los sábados y guitarras de plástico y yo cantando a todo pulmón “Yellow Submarine” en el último asiento del bus durante los viajes escolares. Ellos me pertenecen, no a Laura y a mí, ni a Charlie y a mí, ni a Alison y a mi, y pese a que me hagan sentir algo, estoy seguro de que no me harán sentir nada malo.

Esta, en el fondo, es una novela de crecimiento contada desde el otro lado de la barra de algún bar, llena de humor y de tragedia. El problema con Rob es que no quiere crecer, quiere que todo sea genial como cuando terminó la secundaria y que el resto de su vida sea como una canción de Marvin Gaye. Creo que solo quienes se han nos hemos enamorado de la música y hemos crecido con ella dentro podemos comprender lo que se significa aceptar que las cosas cambiaron. Madurar emocionalmente, como cortarse el pelo, usar traje y soñar con un fin de semana frente a la televisión no necesariamente van juntos. Rob lo descubre hacia el final del libro, donde entiende que crecer también tiene su lado bueno. Como los discos, me imagino que habrá pensado, que cuando se acaban siempre puedes volver a ponerlos o escuchar otros. Así también, todo siempre puede volver a suceder.

Título original: High Fidelity
Autor: Nick Hornby
Año de publicación: 1995
323 páginas en la edición de Riverhead Books, 1996

Bonus track: La película sobre el libro la filmó Stephen Frears y no es la única novela de Hornby que se ha hecho película. También Fever Pitch y About a boy están basadas en libros suyos.

4 Responses to Un hombre maduro que colecciona discos viejos

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miki

Abril 16th, 2008 at 7:23 PM

Las citas las he traducido yo, por eso son tan malas. El libro es bueno.

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Rain

Abril 16th, 2008 at 7:50 PM

Como una canción de Sonic Youth interiorizada y remasterizada en el cuerpo.

Un gran salute, Miki.

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Rain

Abril 16th, 2008 at 10:57 PM

Eso está bastante claro.

Bueno, no diría que están malas malas las traducciones.

Vi el film, ahora quiero leer el libro.

Esos párrafos traducidos dan una idea -en sí el post- del libro: fluído como la música que lo ha alimentado…

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bruno

Abril 25th, 2008 at 8:28 PM

q fue primero, los libros o la tristeza?

el libro de hornby siempre me pareció uno de los mejores si se intenta vincular literatura y música.
y aunque me gusta mucho leerlo y releerlo, también me gusta ver a john cusack en la piel de rob fleming.

q fue primero?

saludos

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