Archive | Mayo, 2008

Todas las patrias

24 May

Ciro Alegría, José María Arguedas y Antonio Cornejo Polar en el Primer Congreso de Narradores Peruanos (Arequipa, 1965)

Quizá conmigo empieza a cerrarse un ciclo y a abrirse otro en el Perú y lo que él representa: se cierra en el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres “alzamientos“, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes; se abre el de la luz y de la fuerza liberadora invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del dios liberador. Aquel que se reintegra. Vallejo era el principio y el fin. (…)

Despidan en mí a un tiempo del Perú cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias.

ARGUEDAS, José María. El zorro de arriba y el zorro de abajo. En: Obras completas. Lima: Horizonte, 1983. p. 136.

Una adorable criatura

15 May

Música para camaleones de Truman Capote

según Miki

En una de las primeras escenas de Todo sobre mi madre, el personaje de la madre le regala a su hijo Esteban que quiere ser escritor, en el día de su cumpleaños, Música para camaleones. Entonces, ahí mismo sobre su cama durante la mañana de su cumpleaños, el hijo lee en voz alta el famoso segundo párrafo del prólogo del libro. En su voz hay una suerte de confianza o de fe en el futuro realmente envidiable. Unas cuantas escenas más tardes, el chico muere. Fue así, como a quien lo asalta una verdad evidente, que supe que debía de leer ese libro.

Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que sólo me interesaban cuatro cosas: escribir, leer, bailar claqué y hacer dibujos. Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse.

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La soledad de dos peruanos en París

3 May

-¿Ustedes son peruanos?
Ribeyro encendió su encendedor en señal afirmativa y las chicas reaccionaron a dúo:
-¿Los dos son peruanos?
Y al cabo de unos minutos el asunto estaba concluyendo en que las dos iban a viajar a Perú, en que Ribeyro les había entregado ya su tarjeta de agregado cultural, en que las chicas mañana mismo le caían en su oficina porque necesitaban tarjetas de presentación, alguna beca, si es posible, mapas, itinerarios, planos de ciudades, facilidades de pago y hasta el alojamiento en Lima que Bryce Echenique les tenía ya prometido en casa de su madre.

BRYCE ECHENIQUE, Alfredo. El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Lima: Peisa, 1998. p. 250.