Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante
Según Miki

Cabrera Infante. Nacido en Gibara en 1929. Murió en Londres hace tres años. Cubano genial. Enamorado del humo, del cine, o del humo del cine o del cine que se hizo humo. Un cubano que se hizo humo. Lo veo escribiendo con desdén en la terraza de algún café londinense. Perfectamente peinado. Impecable. Escribe y piensa en esa Cuba que se le fue, que ya no existe y a la que nunca podrá volver. Sueña y sueña. Como un Joyce que se pegó una borrachera tremenda durante una noche larga de La Habana antes de la Revolución. Maestro. Ojo. Este es un libro para leer solo de noche. Esa es la advertencia del prólogo de Tres Tristes Tigres. Un libro escrito en cubano, lleno de ron, de boleros y de esa sensación curvilínea que solo brindan las noches de verano junto al mar. La novela es un río de anécdotas. Pequeñas confidencias. Poética cotidaneidad. Como si todo eso estuviese junto y fuese cantado por un negra inmensa, solitaria en el medio de un escenario aplatinado, al ritmo de un lento bolero. El bolero de Cuba y su bolerista. Su pluma. Su atrevimiento. Tantas cosas.
Hay quienes venla vida lógica y ordenada, otras la sabemos absurda y confusa. El arte (como la religión o como la ciencia o como la filosofía) es otro intento de imponer la luz del orden a la tiniebla del caos. Feliz tú, Silvestre, que puedes o crees que puedes hacerlo por el verbo.
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