Archive | Agosto, 2008

Con los ojos de un ciego

29 Ago

Catedral de Raymond Carver

según Lupi

Hay tantas cosas que no sabemos, cosas que ignoramos, voluntaria o involuntariamente… Tantas cosas que caen en la cajuela trasera del auto a la que llamamos destino a veces, otras casualidad o sinsentido, y que sacamos cuando nos conviene. Tantas pero tantas tantas cosas que nos llenan de incertidumbre, de temor, de esperanza, que nos permiten seguir viviendo o nos empujan hacia abajo como una bola gigante de metal. Tantas esas cosas tantas se encuentran presentes todas en los relatos de Raymond Carver, y aparecen justo cuando terminan todos y cada uno de sus cuentos. Como la clásica luz al final de un túnel que nadie sabe adónde llevará. Un atisbo de revelación de lo que será una autopista, unos rieles quebrados de tren, el brillo de los ojos del amor de nuestra vida, o simplemente el túnel que nos llevará a la muerte, los relatos de Carver nos comunican todo diciendo nada.

“Now let us pray,” I said, and the blind man lowered his head. My wife looked at me, her mouth agape. “Pray the phone won’t ring and the food doesn’t get cold,” I said.

De la misma manera de los libros que me gustan tanto, pero de forma más abrupta, lo obvio y lo desconocido se mezclan en Carver comunicando como ningún otro la mágica y casi milagrosa decadencia en que vivimos. Y utilizo la palabra comunicar, porque Raymond Carver no plasma, ni expresa, ni manifiesta absolutamente nada de la esencia de sus cuentos, sino más bien los comunica en cada detalle seco, cada palabra retenida, cada expresión de sus lacónicos personajes. Unas personas alienadas de su entorno, a veces indiferentes, otras abstraídas, pero que sin embargo logran conmover como nadie tan solo con un gesto o una mirada, a comparación de diálogos dramáticos y situaciones extremas que si nos arrancan alguna lágrima es porque vivimos a través de ellos, más que aprehender su situación y su realidad.

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El llanto de Pessoa, nuestro llanto

25 Ago

Monumento a Fernando Pessoa en el barrio de Chiado en Lisboa. Fuente.

Releo, sí, estas páginas que representan horas pobres, pequeños sosiegos o ilusiones, grandes esperanzas desviadas hacia el paisaje, penas como cuartos donde no se entra, ciertas voces, un gran cansancio, el evangelio por escribir.

Cada uno tiene su vanidad, y la vanidad de cada uno es su olvido de que hay otros con un alma igual. Mi vanidad son algunas páginas, unos fragmentos, ciertas dudas… (…)

Lloro sobre mis páginas imperfectas, pero quienes vengan mañana, si las leen, sentirán más con mi llanto de lo que sentirán con la perfección, si yo pudiera conseguirla, porque me privaría de llorar y con ello incluso de escribir. El que es perfecto no se manifiesta. El santo llora, y es humano. Dios está callado. Por eso podemos amar al santo, pero no podemos amar a Dios.

Pessoa, Fernando. El libro del desasosiego. Barcelona: Acantilado, 2002. Traducción de Perfecto E. Cuadrado.

Queremos dedicarle este post a todas las personas que se han tomado el tiempo de votar por este blog en el concurso 20blogsperuanos, en especial a nuestras familias por tanto entusiasmo y fe depositada en nosotros desde el inicio. Para nuestra sorpresa, hemos quedado entre los tres finalistas en la categoría Literatura. ¡Gracias a todos!

La muerte según Haruki Murakami

18 Ago

Cuando murió Kizuki aprendí una cosa. Quizá me resigné a hacerla mía: “La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”.

Es una realidad. Mientras vivimos, vamos criando la muerte al mismo tiempo. Pero ésta es solo una parte de la verdad que debemos conocer. La muerte de Naoko me lo enseñó. Me dije: “El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso”. Pensé en ello, noche tras noche, en mi soledad, oyendo el ruido de las olas y el rugido del viento. Vacié muchas botellas de whisky, morsdiqueé pan, bebí agua de la petaca en mi larga marcha hacia el oeste, con la mochila dando bandazos a mi espalda y el pelo lleno de arena…, día tras día de aquel principio de otoño.

Murakami, Haruki. Tokio Blues. Norwegian wood. Buenos Aires: Tusquets, 2005. p. 358. Traducción de Lourdes Porta.

Clorofila

15 Ago

El barón rampante de Italo Calvino

según Lupi

El barón rampante fue el primer libro que me hizo sentir esa tristeza especial. La tristeza que sientes cuando lees las maravillas vividas en el libro y la comparas implícita e inevitablemente con tu propia vida. Clases tediosas, autobuses tóxicos, ir y venir en una rutina sin sentido, a comparación de una aventura sobre árboles, árboles y más árboles, y sus miles de hojas y hojitas verdes verdes verdes. La aventura de Cosimo Piovasco de Rondò, el (anti)héroe de la villa de Ombrosa, Italia, que el 15 de junio de 1767, a los doce años de edad, decidió alejarse de nosotros, la gente de a pie, e irse a vivir sobre los árboles para siempre.

Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cosimo Piovasco di Rondò, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. (…) Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas. Cosimo dijo: – ¡He dicho que no quiero y no quiero! – y rechazó el plato de caracoles. Jamás se había visto desobediencia más grave.

Fue una decisión total e inapelable. Cosimo se negó a comer los pobres caracoles que su hermana Battista, monja doméstica, había cocinado y dispuesto en la mesa tras un infructuoso intento con su hermano por salvarlos de su terrible destino gourmet. Vestido como el pequeño noblecito que era, se levantó de la mesa familiar y corrió hacia los árboles para nunca más bajar de ellos; dejando a su hermano menor en la mesa acatando las empolvadas normas de sus anticuados padres, sintiéndose culpable por haberlo decepcionado, por ser tan cobarde y no poder seguir el arbóreo camino escalado por Cosimo.

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La pasión forense de Lustgarten

12 Ago

Veredictos discutidos de Edgar Lustgarten

según Miki

Edgar Marcus Lustgarten nació en 1907 en Manchester. Estudió en Oxford y durante su vida trabajó como periodista, cronista, abogado, conductor de programas para la televisión y escritor de novelas de misterio. Algunos dicen que, antes que nada, era simplemente un cazador de historias. Sobre su método para escribir, apuntan Borges y Bioy Casares en la introducción que le prepararon a este libro, señaló alguna vez que simplemente no lo tenía: tendía a escribir en cualquier parte, sobre servilletas y hojas dispersas a bordo de autobuses, en bares y también mientras caminaba por la calle. Ese desorden, sin embargo, contradice directamente a la pulcritud de su prosa y su fina estructura. En su temática, su obra oscila brillantemente entre la novela de misterio y la documental, lo que hace que muchos los identifiquen como un olvidado precursor de Truman Capote.

El asesinato premeditado y cuidadosamente urdido no es un juego de salón. Para realizarlo se necesita dureza de corazón, insensibilidad de espíritu, indiferencia ante el sufrimiento y desprecio por la vida humana. Estas condiciones resultan repugnantes en el hombre y contra su propia naturaleza en la mujer. El asesino por cálculo es vil; la asesina por cálculo es una paradoja enigmática.

Veredictos discutidos cuenta los hechos y el proceso judicial involucrado de seis famosos asesinatos ventilados en cortes inglesas y norteamericanas durante las primeras décadas del siglo XX. La excelente y documentadísima descripción de los hechos viene seguida de una genial recreación de la atmósfera del proceso. Detrás, como sutilmente, emerge la idea de la justicia como un ideal demasiado tendencioso. No existe un proceso puro, ajeno al entorno en el que se desenvuelve y a la forma de pensar de quienes participan en él, parece tratarnos de decir Lustgarten. Los fallos judiciales son tan influenciables como el mismo parecer humano y, necesariamente, están plagados de sus mismos demonios.

Nadie sabrá lo que ocurrió aquella tarde de invierno, hace muchos años, en la choza en la que vivía Thorne. ¿Asesinó él intencionalmente a Elsie Cameron, como lo creyeron los jurados, para evitar la inoportuna necesidad del casamiento y quedar libre para cuando él quiso entregarse a su nueva pasión? ¿O hubo una lucha cuando él quiso abandonar la choza, con esta terrible pero impremeditada consecuencia? ¿O -y ésta es la alternativa más tremenda- Thorne no dijo nada más que la verdad? (…)

Cualquiera de estas decisiones habría exigido un corazón de piedra y nervios de acero. Thorne poseía ambas características, como lo había probado en las semanas anteriores a su arresto. Esta veta inhumana en la personalidad del hombre impide la apreciación exacta del valor de las pruebas y hace que sea uno de los más desconcertantes asesinos condenados.

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Alejandro Zambra en Lima

2 Ago

El escritor chileno Alejandro Zambra estuvo en Lima estos días participando en la FIL 2008 y Marco Sifuentes le realizó esta interesante e íntima entrevista para Utero.tv, en donde habla de la eterna pugna peruano chilena, de literatura peruana, de sus referentes culturales y de Alberto Fuguet.

Otro blog de libros que sí hizo su tarea durnate esta FIL fue Porta 9, en donde entrevistaron a Alejandro Zambra y Alberto Fuguet, totalmente recomendables.