Clorofila
15 Ago
El barón rampante de Italo Calvino
según Lupi
El barón rampante fue el primer libro que me hizo sentir esa tristeza especial. La tristeza que sientes cuando lees las maravillas vividas en el libro y la comparas implícita e inevitablemente con tu propia vida. Clases tediosas, autobuses tóxicos, ir y venir en una rutina sin sentido, a comparación de una aventura sobre árboles, árboles y más árboles, y sus miles de hojas y hojitas verdes verdes verdes. La aventura de Cosimo Piovasco de Rondò, el (anti)héroe de la villa de Ombrosa, Italia, que el 15 de junio de 1767, a los doce años de edad, decidió alejarse de nosotros, la gente de a pie, e irse a vivir sobre los árboles para siempre.
Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cosimo Piovasco di Rondò, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. (…) Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movían las hojas. Cosimo dijo: – ¡He dicho que no quiero y no quiero! – y rechazó el plato de caracoles. Jamás se había visto desobediencia más grave.
Fue una decisión total e inapelable. Cosimo se negó a comer los pobres caracoles que su hermana Battista, monja doméstica, había cocinado y dispuesto en la mesa tras un infructuoso intento con su hermano por salvarlos de su terrible destino gourmet. Vestido como el pequeño noblecito que era, se levantó de la mesa familiar y corrió hacia los árboles para nunca más bajar de ellos; dejando a su hermano menor en la mesa acatando las empolvadas normas de sus anticuados padres, sintiéndose culpable por haberlo decepcionado, por ser tan cobarde y no poder seguir el arbóreo camino escalado por Cosimo.
La vida de Cosimo fue muy fuera de lo común, la mía muy regulada y modesta, y sin embargo nuestra niñez transcurrió juntos, indiferentes ambos a estas furias de los adultos, buscando caminos distintos de los trillados de la gente.
Es él, con los pies sobre la tierra y el follaje sobre la cabeza (cual reto y recordatorio), quien nos relata la vida de su hermano mayor. Desde aquel inolvidable día en que sus destinos se separaron hasta el día final en que Cosimo se aleja flotando sobre la clorofila.
El barón rampante, pues, tiene lugar entre las copas de los árboles, esa frontera tan cercana y lejana a la vez, cual atmósfera verde que nadie puede tocar, sino los astronautas. Los elegidos. Seres irrepetibles que realizan un giro geográfico/angular para terminar adquiriendo finalmente una perspectiva privilegiada. Global pero limitada. Natural pero artificial.
Seres como Cosimo, con la capacidad de ver los contornos de las piezas del rompecabezas en donde vivimos, pero igual de inexperto y desconcertado como el resto de nosotros a la hora de encajarlos, sobre todo (¿cuándo no?) en el tibio tema del amor.
Eran, estos platos de Battista, obras de finísima orfebrería animal o vegetal: cabezas de coliflor con orejas de liebre puestas sobre un cuello de piel de liebre; o una cabeza de cerdo de cuya boca salía, como si echara la lengua, una langosta roja, y la langosta sostenía en las pinzas la lengua del cochino como si se la hubiera arrancado.
Y es que El barón rampante es un libro de paradojas y contrastes. Sin los pies sobre la tierra pero encima de los árboles. Rebelde pero disciplinado. Ingenuo pero sabio. Civilizado pero salvaje. Salvaje pero más humano que todos… Como un niño grande que madura manteniendo los mismos ideales y pulsiones, Cosimo es un héroe/antihéroe que nos muestra que otra vida es posible en una misma realidad.
Nuestro barón sobre los árboles, cual buen salvaje rousseauniano, cuestiona las formas a las que debe atenerse y busca algo más allá, más feliz y sencillo. Posee una lógica tan simple y elemental que constituye un acto de rebeldía pura y en sí misma, y al hacer de esa lógica desobediente un compromiso, lo que finalmente resulta es una vida excepcional. Llena de aventuras, amores y desamores, diálogos con el mismísimo Voltaire, batallas, libros dispersos sobre ramas de árboles y un fiel can llamado Óptimo Máximo. La vida que Cosimo Piovasco di Rondò, Duque de Ombrosa, el barón rampante, decidió vivir aquel 15 de junio de 1767, en la cena familiar, al levantarse y protestar por lo que creía era una injusticia a todas luces.
Quizás esto es lo que admiraba más en el libro. Y lo que sigo admirando ahora. Presente en el mundo pero apartado de él. Con la perspectiva a la mano, el sol sobre su cabeza y la clorofila de almohada. Una persona que por alejarse de su mundanidad hizo de su vida una obra maestra de la condición humana. Incluso si esta vida es solamente ficcional.
Título original: Il Barone Rampante
Autor: Ítalo Calvino
Año de publicación: 1957


Genial…!!!!
Este libro es buenísimo. No hay excusa para no leerlo.
Lo pueden bajar de aquí:
http://www.libros.freewww.info/libros/C/Calvino,%20Italo%20-%20El%20Baron%20Rampante.pdf
creo que tienes razón, un libro de una tristeza especial, una soledad entre la copa de los árboles.
*
y al mismo tiempo, tiene escenas muy divertidas, como el encuentro entre cosimo y napoleón.
Quiero la luz que emana de ti.jejeje