Archive | Junio, 2009

La balada de Cora y Frank

25 Jun

El cartero llama dos veces de James M. Cain

según Miki

2848732643_7b37bf128b_o

Esta es una novela negra, no es una historia feliz. Hay gente que muere, varios tipos malos y aparecen abogados contratados por aseguradoras. Hay, como tantas veces, un pueblo pequeño y apacible (casi marginal) que se ve inmerso en el escándalo de un trágico accidente que involucra a tres personas perfectamente corrientes a los ojos de todos. Para mí, la novela se abre con un gran plano abierto: la imagen de un hombre que deambula por el extremo de una autopista interestatal de California, con las manos dentro de la casaca de cuero y sin otro equipaje que lo que lleva puesto y una cajetilla de cigarros por la mitad. En el fondo, apenas divisa el letrero mal iluminado de una cafetería para camioneros. Mientras se sienta y conversa con el encargado de la fonda, Frank Chambers –nuestro protagonista– es incapaz de adivinar hasta qué punto su destino va a quedar marcado por ese momento. Entonces pide un café o huevos o quizás ambas cosas y lo captura la imagen de una mujer trabajando en la cocina. Conoce a Nick Papadakis, dueño de la fonda, quien le ofrece trabajo y lo hospeda en su casa. La mujer resulta ser la esposa de Papadakis, una mujer silenciosa y un poco arisca de quien Frank termina tormentosamente enamorado. Ello desencadena un triángulo de engaños y muerte de la que todos saldrán perdiendo. Esta, lo repito, será siempre una novela negra o un drama policial: cualquier cosa menos una historia feliz.

Se podría decir que el tema central de El cartero llama dos veces es las oportunidades. La novela cuenta la historia de cómo, por mero azar, dos personas sin escrúpulos terminan cometiendo un crímen pasional que acaba por envolverlos a ellos mismos, por enfrentarlos a su propia naturaleza oportunista y finalmente destruirlos. A mí me trae la evocación de los clásicos ambientes de la novela negra, las habitaciones oscuras y los tipos misteriosos que fuman sin descanso. Frank y Cora solo son capaces de sentir una conexión con sus propias ambiciones. Ella venía de una familia problemática y desarticulada, de un mundo en el que casarse con un hombre mayor con dinero era siempre una forma de progreso. Él venía de varias temporadas en la prisión de San Francisco, de muchas noches apostando en cantinas y enamorando mujeres. Más que un cruce, el trazo de sus destinos les aguardaban una colisión.

A su manera, y guardando las distancias, pienso el argumento de El cartero llama dos veces es una revisita a Los Miserables de Victor Hugo. Todos sus personajes son personas infelices, marginales, que ostentan siempre un vicio (las mujeres, el dinero, el acohol) más que como un estigma, como un rasgo definitorio de su personalidad. Pero ninguno intenta cambiar salvo Cora. La novela podría leerse también como la historia de la corrupción definitiva de Cora. Todos a su alrededor saben quién es y saben que finge cuando sirve el café en la fonda de su esposo. Ella misma lo sabe pero, tras un trágico incidente, intenta tomar un nuevo rumbo, asentarse, quizás hasta tener una familia. En el fondo quiere volver a ser la chica rubia de un pueblo pequeño que sueña con ir al cine o a las fiestas. Pero es muy tarde. Cora no puede desligarse de su naturaleza ni de su entorno. Ese mismo entorno que la destruirá.

Existen hasta cuatro adaptaciones de esta novela al cine. Una del año 1946,  a cargo de Tay Garnett, con Lara Turnes y Jhon Garfield como protagonistas. La segunda, dirigida en 1981 por Nick Rafelson, tiene como protagonista a un joven Jack Nicholson. Pero, sin duda, la mejor adaptación de todas es la realizada en 1942 por el genial Luchino Visconti considerada como la película que inició el movimiento del neorrealismo italiano.

Título original: The Postman Always Rings Twice
Autor: James M. Cain (Maryland, 1892 – 1977)
Año de publicación: 1940
158 páginas en la edición de Emecé-Planeta, Buenos Aires, 2003.

¿Ya ha principiado el invierno en Lima?

23 Jun

SOLO DE SOL

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

EIELSON, Jorge Eduardo. Tema y variaciones. En: Arte Poética. Lima: Fondo Editorial de la Pontifica Universidad Católica del Perú, 2004. p. 143.

Hay muchas razones que están haciendo de estos unos días muy felices. Entre ellas, que la luz del sol a través de a ventana me despierte a diario.

Los derechos según Frank Miller

16 Jun

batman

MILLER, Frank. Batman: The Dark Knight Returns. New York: DC Comics, 2002. p. 45

Me resulta imposible decirlo

15 Jun

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

Según Lupi

Yo y mi hermano en los columpios

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi es un libro al cual le tengo un cariño especial. ¿La razón? Por algún insondable motivo, aun siendo mujer y estar en mis veintes, me identifico con Pereira, un señor viudo con problemas cardíacos.

Esta breve novela cuenta la historia de él, Pereira, un periodista tan panzón como cincuentón que, de un día soleado para otro, se ve a sí mismo encargado de la sección cultural del Lisboa, un diario de estela católica y tiraje modesto en la Portugal salazarista de los años treinta.

Para ello se presta de la ayuda del recién graduado Monteiro Rossi, un joven descarado y rebelde, quien más que un apoyo para el Lisboa, resulta siendo un elemento tan perturbador como catalizador para la vida de nuestro héroe. La piedra molesta en el zapato de cuero marrón, viejo y bien amarrado de Pereira, que hace que éste baje la mirada hacia sus pies y repare por fin en el camino que ha venido siguiendo durante tantos años.

Tantos años bajo la dictadura de Salazar, tantas tardes almorzando omelette a las finas hierbas y limonada en el Café Orquídea, tantas noches contándole su día al retrato de su difunta esposa… Siempre Pereira tan apolítico e independiente, pero, por alguna razón, siempre tan creyente en el alma.

En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

En este breve libro, Tabucchi logra dar vida a un personaje entrañable, cuyo nombre e íntimas obsesiones aparecen a lo largo de la historia de manera musical, cual mantra que se repite en loop. El soplar del viento, el motor de los autos, el sonido de las olas… el ritmo subyacente de la vida de Pereira. Un arrullo que Tabucchi nos presenta a veces como piedras en el camino con las cuales tropezamos una y otra vez, y otras como latidos del corazón que nos permiten seguir existiendo. Las fallas de fábrica que nos definen. La palabra que no conseguimos llenar en nuestro crucigrama.

Tierno y cauto, Pereira se muestra como un ser aparentemente apático, que va por la vida con la misma inercia con la cual un niño colorea un dibujo ajeno sin salirse de las líneas. Quizás por eso me identifico con Pereira, por la tendencia al fracaso que lo inmoviliza, que no es más que el rastro de una fijación con la muerte en todas sus extensiones. Una persona que intuye la palabra faltante en su crucigrama, pero que sabe muy bien que si lo completa, tendrá que tirar el periódico a la basura. ¿Y después qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

Y, como él, Pereira, espero darme cuenta de que la vida y la muerte, así como la causa y el efecto, todos son pretextos para dejar salir lo que teníamos siempre dentro pero que nos resultaba imposible decir: un ronroneo tibio que nos susurra que, al fin y al cabo, lo que se opone a la incertidumbre es el compromiso, lo que se opone a la parálisis es la caída, y que finalmente lo que se opone al miedo es el amor.