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Mario Bellatin vs. Luca Prodán

27 Jul

Me ha gustado mucho este dibujo de Liniers donde mezcla la experiencia de leer a Mario Bellatin y la posibilidad de que “Bellatin” pueda reemplazarse por “Wellapon” en la canción Heroína de Sumo. Salvo la falta de pelo, me pregunto sobre qué otro tema hubiesen podido conversar dos personas tan impredecibles como Luca Prodán y Mario Bellatin.

Las bajas del mundial

25 Jun

La semana pasada, mientras buena parte del planeta veía el mundial, nos enteramos en el medio de algún entretiempo de la muerte de dos excelentes escritores. El viernes de la del portugués José Saramago y, al día siguiente, la del mexicano Carlos Monsiváis.

Recuerdo que al inicio leer a Saramago me llenaba de frustración. Él había desarrollado una forma particular de redactar sus novelas, con oraciones interminables intercaladas de comas, puntos, mayúsculas y minúsculas. Yo que siempre fui un maniático de la forma, me llenaba de terror ver tantos errores ortográficos impresos. Eso me pasó durante las primeras cincuenta páginas de El evangelio según Jesucristo. Conforme me adentré en la historia, sin embargo, empecé a entender la forma en la que esa gramática particular servía al ritmo y al sonido que Saramago quería impregnarle al relato. Luego, ya no fue un problema. Recomiendo con entusiasmo también Ensayo sobre la ceguera. No he visto la película.

Mil veces la experiencia ha demostrado, in­cluso en personas no particularmente dadas a la re­flexión, que la mejor manera de llegar a una buena idea es ir dejando que fluya el pensamiento al sabor de sus propios azares e inclinaciones, pero vigilándolo con una atención que conviene que parezca distraída, como si se estuviera pensando en otra cosa, y de repente salta uno sobre el inadvertido hallazgo como un tigre sobre la presa.

SARAMAGO, José. El evangelio según Jesucristo.

A Monsiváis lo leí de varias formas, en forma dispersa, en varias crónicas en distintas publicaciones. Tengo dos recuerdos de él. El primero, de cuando aparece en Los detectives salvajes. Los viscerrealistas publican una revista llena de escritores inéditos y donde Monsiváis aceptó colaborar con un ensayo. Siempre me quedó la imagen de él como un escritor que bien podía un día estar en Barcelona recibiendo el Premio Anagrama de Ensayo y al día siguiente en su casa conversando con un montón de chicos de veinte años que ese creen poetas malditos. El segundo recuerdo que guardo es de la vez que lo escuché en una conferencia en el Auditorio de Derecho de la Universidad Católica. Me parece que hablaba del humanismo, esto no lo recuerdo muy bien. Me pasé buena parte de la conferencia sorprendido de la seguridad con la que hablaba, de su acento mexicano pausado y reflexivo que hacía que cualquier cosa que diga tenga que ser cierta y correcta.

El plan, al menos tal como me lo vendieron, era que la revista apoyaría los libros de la editorial. Ése era el principal objetivo. El segundo objetivo era hacer una buena revista de literatura que prestigiara a la editorial, tanto por sus contenidos como por sus colaboradores. Me hablaron de Julio Cortázar, de García Márquez, de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa, de las primeras figuras de la literatura latinoamericana. Yo, siempre prudente, por no decir escéptico, les dije que me conformaba con tener a Ibargüengoitia, a Monterroso, a José Emilio Pacheco, a Monsiváis, a Elenita Poniatowska. Ellos dijeron que por supuesto, que sí, que pronto todos se iban a morir por publicar en nuestra revista. De acuerdo, que se mueran, dije yo, hagamos un buen trabajo, pero no olviden el primer objetivo. Potenciar a la editorial. Ellos dijeron que eso no era ningún problema, que la editorial estaría reflejada en cada página, o en una de cada dos páginas, y que además la revista no tardaría en producir beneficios. Y yo dije: señores, el destino queda en vuestras manos. En el primer número, como es fácil verificar, no apareció ni Cortázar, ni García Márquez, ni siquiera José Emilio Pacheco, pero contamos con un ensayo de Monsiváis y eso, de alguna manera, salvaba a la revista.

BOLAÑO, Roberto. Los detectives salvajes.

Para quienes no los conozcan todavía, los recomiendo ampliamente. Apúrense en llegar a las librerías antes de que termine el mundial, los vendedores se enteren y empiecen a subirles el precio. Mientras tanto, los menos futboleros o los que la pegan de intelectuales pueden seguir el blog de Villoro y Caparrós que es de lejos lo mejor del mundial para mí.

Foto: Teo Dias (CC BY-NC-ND)

Ginsberg, Parra y Machado de Assis

31 May

Ahora recuerdo una conversación con el poeta beatnik Allen Ginsberg, que había llegado de un viaje a Bolivia, cargado de hojas de coca, y se había instalado en la casa de Nicanor Parra en los faldeos de La Reina. Es probable que le haya mencionado mis lecturas machadianas, porque él dijo, con la mayor serenidad, que Machado de Assis era el Kafka de su grupo en San Francisco. Me pareció y me sigue pareciendo una afirmación algo enigmática, pero no del todo arbitraria.

EDWARDS, Jorge. “El insuperable tono machadiano”. Prólogo a Esaú y Jacob de Joaquín Machado de Assis. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, 2008. p. 7.

En la foto (de izq. a der.): Nicanor Parra, Miquel Grinberg y Allen Ginsberg en La Habana, febrero de 1965.

Página 2

25 May

Hace un par de semanas estoy siguiendo el excelente programa sobre literatura Página 2 de Televisión Española. El último programa hace un recurrido por todos los sitios de Dublín en los que se conmemora el Bloomsday. Totalmente recomendable.

Entre las cosas más interesantes que he encontrado está una entrevista al escritor argentino Andres Neuman, o esta otra al escritor español Enrique Vila-Matas que en pocas semanas estará en Perú. Además, el programa presenta a menudo reportajes como este sobre libros con banda sonora o el que les comentaba sobre el Ulises de Joyce, secciones con los libros más vendidos y una súper buena sobre Cine y Literatura. La música que acompaña las emisiones es, además, excepcional como esta entrevista a Paul Auster con Anthony and The Johnsons de fondo.

Pueden ver los programas completos en línea en su página oficial o suscribirse a su feed.

Foto: Jim Shank (CC BY-NC-ND)

El oído de las madres

9 May

Atravesó la ciudad dormida, aún inmersa en el sueño, abrió con exagerado ruido el portal de su casa. En el piso ya se filtraba por las rendijas de las persianas un poco de luz.

—Buenas noches, mamá —dijo al pasar por el pasillo.

Y de la habitación, al otro lado de la puerta, le pareció que, como de costumbre, como en los días lejanos cuando regresaba a altas horas de la noche, le respondía un sonido confuso, una voz amorosa aunque rebosante de sueño. Y siguió casi apaciguado hacia su cuarto, cuando advirtió que también ella hablaba

—¿Qué tienes, mamá? —preguntó en el vasto silencio.

En ese mismo instante comprendió que había confundido el rodar de una carroza lejana con la querida voz. En realidad, su madre no había contestado, los pasos nocturnos del hijo ya no podrían despertarla como antaño, se habían vuelto ajenos, como si su sueño hubiera cambiado con el tiempo.

Antaño sus pasos le llegaban en sueños como una llamada establecida. Todos los otros ruidos de la noche, incluso mucho más fuertes, no bastaban para despertarla, ni los carros por la calle, ni el llanto de un niño, ni los aullidos de los perros, ni las lechuzas, ni una contraventana que se bate, ni el viento en los aleros, ni la lluvia o el crujido de los muebles. Sólo le despertaba el paso de él, no porque fuera ruidoso (Giovanni incluso caminaba de puntillas). Por ninguna razón especial, sólo porque él era su hijito.

Pero ahora ya no. Ahora él había saludado a su madre como antaño, con la misma inflexión de voz, seguro de que con el familiar ruido de sus pasos se había despertado. Pero nadie le había respondido, salvo el rodar de la lejana carroza. Una estupidez, pensó, una ridícula coincidencia, podía ser. Pero le quedaba, mientras se disponía a meterse en la cama, una impresión amarga, como si el afecto de antaño se hubiera empañado, como si entre ellos dos el tiempo y la lejanía hubieran extendido lentamente un velo de separación.

BUZZATI, Dino. El desierto de los tártaros. Madrid: Alianza, 2006. Traducción de Esther Benítez. p. 164.

Perú por Enrique Lihn

5 May

Tú te paseas por el limpio malecón y no sabes lo que ves.
Ves una isla entre otras, perdida detrás de ellas,
y eso es la Isla del Diablo, un infierno que no pensó Dante
ni otro cojudo de su raza.
¿Es este un país civilizado?
Yo personalmente creo que no. Este es un país bárbaro
que vive en una guerra permanente consigo mismo,
una guerra no declarada.
Se ha montado aquí una gran maquinaria.
La Maquinaria del Ocultamiento de la Verdad en el Perú.

LIHN, Enrique. Estación de los desamparados (fragmento). En: Álbum de toda especie de poemas. Barcelona: Lumen, 1989. p. 105

Foto: Ryan McFarland (CC)

Madurez

2 May

Los ritos de transición son más fáciles de encontrar en las novelas o en las películas de Hollywood que en la vida real, particularmente que en la vida real de los suburbios. Todas las cosas que se suponía que me iban a cambiar –el primer beso, la pérdida de la virginidad, la primera pelea, el primer trago, las primeras drogas– simplemente sucedieron; no tuve la voluntad explícita de que sucedan y ciertamente no pasé por el doloroso proceso de tomar la decisión (la presión de grupo, el mal temperamento y la precocidad sexual de una chica tomaron todas las decisiones por mí), y quizás como consecuencia de ello salí de todas estas experiencias formativas completamente informe, inmaduro.

HORNBY, Nick. Fever pitch. Londres: Victor Gollancz, 1994. p. 74. Traducción libre.

Foto: Laala

No hacer nada

8 Abr

habría que morirse de hambre, pienso
secarse en una esquina poco frecuentada o en un sótano
(oscuro, digo yo
porque las torres de Santa María podrán ser los edificios
(más altos de Chile
pero haga usted la prueba de subir
–tendrá que ir bien vestido–
tomar uno de esos ascensores que adivinan el pensamiento
(o poco menos
y que son tan veloces como altas son esas torres
y llegue lo más arriba que pueda, hasta la terraza, si es
(posible
actúe hacia arriba para después tirarse y no hacer nada
abastecido de libertad por lo libre de la caída
que te hace abrir los brazos y planear, acercándote a tu
(reflejo
que se acerca hacia arriba desde los espejos de agua
con tu imagen multiplicada por los vidrios que por fuera son
(espejos
que reflejan tu imagen cayendo de modo que tú no alcanzas
(a ver adentro
pero que no les impide verte desde dentro pasar volando en
(caída libre
–y creerían que pasó un ángel y habrá un momento de
(silencio…–

LIRA, Rodrigo. 4 tres cientos sesenta y cincos y un 366 de onces. En: Proyecto de obras completas. Segunda edición. Santiago: Universitaria, 2003. p. 43.

Goodbye, Mr. Salinger

30 Ene

What I like best is a book that’s at least funny once in a while. I read a lot of classical books, like The Return of the Native and all, and I like them, and I read a lot of war books and mysteries and all, but they don’t knock me out too much. What really knocks me out it is a book that, when you’re all done reading it, you wish the author that wrote it was a terrific friend of yours and you could call him up on the phone whenever you felt like it.

SALINGER, Jerome. The catcher in the rye. New York: Back Bay / Little, Brown and Co., 2001. p. 25.

Goodbye. Aquí nos quedamos sus amigos, Mr. Salinger. Aunque nunca nos conocimos ni llegamos saber mucho de usted, nunca dejamos de considerarlo un amigo.


J. D. Salinger
(New York, 1919 – New Hampshire, 2010)

La hora de partir

26 Ene

Y cuando los timoneles hubieron alejado las naves de la playa con sus fuertes pértigas, y se enderezaron los mástiles entre las filas de remeros, supe que habían terminado las horas de los alardes, de excesos, de regalos, que preceden las partidas de soldados hacia los campos de batalla. Había pasado el tiempo de las guirnaldas, las coronas de laurel, el vino en cada casa, la envidia de los canijos, y el favor de las mujeres. Ahora, serían las dianas, el lodo, el pan llovido, la arrogancia de los jefes, la sangre derramada por error, la gangrena que huele a almíbares infectos.

CARPENTIER, Alejo. Semejante a la noche. En: Guerra del tiempo. Lima: Adobe, 2000. p. 60.