
La semana pasada, mientras buena parte del planeta veía el mundial, nos enteramos en el medio de algún entretiempo de la muerte de dos excelentes escritores. El viernes de la del portugués José Saramago y, al día siguiente, la del mexicano Carlos Monsiváis.
Recuerdo que al inicio leer a Saramago me llenaba de frustración. Él había desarrollado una forma particular de redactar sus novelas, con oraciones interminables intercaladas de comas, puntos, mayúsculas y minúsculas. Yo que siempre fui un maniático de la forma, me llenaba de terror ver tantos errores ortográficos impresos. Eso me pasó durante las primeras cincuenta páginas de El evangelio según Jesucristo. Conforme me adentré en la historia, sin embargo, empecé a entender la forma en la que esa gramática particular servía al ritmo y al sonido que Saramago quería impregnarle al relato. Luego, ya no fue un problema. Recomiendo con entusiasmo también Ensayo sobre la ceguera. No he visto la película.
Mil veces la experiencia ha demostrado, incluso en personas no particularmente dadas a la reflexión, que la mejor manera de llegar a una buena idea es ir dejando que fluya el pensamiento al sabor de sus propios azares e inclinaciones, pero vigilándolo con una atención que conviene que parezca distraída, como si se estuviera pensando en otra cosa, y de repente salta uno sobre el inadvertido hallazgo como un tigre sobre la presa.
SARAMAGO, José. El evangelio según Jesucristo.
A Monsiváis lo leí de varias formas, en forma dispersa, en varias crónicas en distintas publicaciones. Tengo dos recuerdos de él. El primero, de cuando aparece en Los detectives salvajes. Los viscerrealistas publican una revista llena de escritores inéditos y donde Monsiváis aceptó colaborar con un ensayo. Siempre me quedó la imagen de él como un escritor que bien podía un día estar en Barcelona recibiendo el Premio Anagrama de Ensayo y al día siguiente en su casa conversando con un montón de chicos de veinte años que ese creen poetas malditos. El segundo recuerdo que guardo es de la vez que lo escuché en una conferencia en el Auditorio de Derecho de la Universidad Católica. Me parece que hablaba del humanismo, esto no lo recuerdo muy bien. Me pasé buena parte de la conferencia sorprendido de la seguridad con la que hablaba, de su acento mexicano pausado y reflexivo que hacía que cualquier cosa que diga tenga que ser cierta y correcta.
El plan, al menos tal como me lo vendieron, era que la revista apoyaría los libros de la editorial. Ése era el principal objetivo. El segundo objetivo era hacer una buena revista de literatura que prestigiara a la editorial, tanto por sus contenidos como por sus colaboradores. Me hablaron de Julio Cortázar, de García Márquez, de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa, de las primeras figuras de la literatura latinoamericana. Yo, siempre prudente, por no decir escéptico, les dije que me conformaba con tener a Ibargüengoitia, a Monterroso, a José Emilio Pacheco, a Monsiváis, a Elenita Poniatowska. Ellos dijeron que por supuesto, que sí, que pronto todos se iban a morir por publicar en nuestra revista. De acuerdo, que se mueran, dije yo, hagamos un buen trabajo, pero no olviden el primer objetivo. Potenciar a la editorial. Ellos dijeron que eso no era ningún problema, que la editorial estaría reflejada en cada página, o en una de cada dos páginas, y que además la revista no tardaría en producir beneficios. Y yo dije: señores, el destino queda en vuestras manos. En el primer número, como es fácil verificar, no apareció ni Cortázar, ni García Márquez, ni siquiera José Emilio Pacheco, pero contamos con un ensayo de Monsiváis y eso, de alguna manera, salvaba a la revista.
BOLAÑO, Roberto. Los detectives salvajes.
Para quienes no los conozcan todavía, los recomiendo ampliamente. Apúrense en llegar a las librerías antes de que termine el mundial, los vendedores se enteren y empiecen a subirles el precio. Mientras tanto, los menos futboleros o los que la pegan de intelectuales pueden seguir el blog de Villoro y Caparrós que es de lejos lo mejor del mundial para mí.
Foto: Teo Dias (CC BY-NC-ND)