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La vuelta del Cristo de Elqui (en gloria y majestad)

21 Jun

La vuelta del Cristo de Elqui de Nicanor Parra

según Miki

Nicanor Parra (San Fabián, 1914) es uno de esos escritores que despiertan pasiones. Hay quienes lo leen y lo reverencian apasionadamente y, también, quienes lo odian apasionadamente. De cualquier forma, uno no puede mantenerse ecuánime frente a su obra. Constantemente irónico, sarcástico y dolorosamente sincero, Nicanor Parra disfruta poniendo en aprietos a sus lectores, cambiando rápidamente de tono y de posición y jugando con los límites de un texto. “Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado” decía Roberto Bolaño, y es cierto. De hecho, se supone que los poetas en español preferidos de los realvisceralistas de Los detectives salvajes eran Vallejo, Parra y Martín Adán.

XXXIII
El error es una fuerza motriz
ay del humano que no ierra nunca!
si Colón no se hubiera equivocado
no existiría América del Sur
si no se hubiera equivocado Hitler
no existiría América del Norte
si no se hubiera equivocado Mahoma
todos ahora seríamos musulmanes.

La vuelta del Cristo de Elqui reúne dos poemarios publicados por Parra entre 1977 y 1979. Se trata del manifiesto ideológico del «Cristo de Elqui», un personaje real que deambuló por el norte de Chile creyéndose Jesucristo y bautizando gente a finales de la década del 40. Parra toma esta figura y la utiliza como voz para denunciar lo que cree que está bien y está mal en Chile, en el mundo y en el universo, si hay quien lo escuche. Pero su mensaje, lejos de ser moralizante, fue incómodo entonces (no tengo idea de cómo pasó la censura de Pinochet) y es incómodo ahora. Es una crítica del autoritarismo y de la democracia, de la izquierda y de la derecha, de la religiosidad y del nihilismo, de la abstinencia y del exceso por igual.

LIII
Y estas son las profecías del Cristo de Elqui:
pronto muy pronto vencerá la izquierda
prepararse muchachos
y los señores explotadores
que se vayan amarrando los pantalones con rieles
ahora le toca al pueblo
claro que los conchenchos
tratarán de impedirlo por todos los medios
asesinato – dólares – ITT
imposible señoras y señores
acuérdense de estas palabras proféticas
un socialista subirá al poder
en mala hora me dirán ustedes
eso yo no lo sé
lo que sé bien es que se suicidará
cuando se vea solo y traicionado

El «Cristo de Elqui» se lanza contra todo y contra todos. Como esos locos que vemos en la calle, que miran la sociedad de fuera, su perspectiva de las cosas está despojada de ese sentido de lo correcto o lo normal que regularmente impregna nuestras opiniones. La incorrección propuesta en el libro no es solo semántica sino también formal, porque el Cristo habla como habla alguien de la calle.  Además, es tremendamente divertido cuando se despacha sobre los vicios sexuales, sobre lo que la gente dice de él y cuando nos cuenta que, con lo que ha ahorrado de vender sus folletos, se ha comprado una camionetita.

LV
El arte no debería de ser una empresa privada
cómo dejar en manos de particulares
la producción de rayos ultrarrojos
nada más peligroso
para la integridad de la república
nuestra salud mental en primerísimo término
la poesía por ejemplo la poesía
puede llevar a la ruina a un país
si no se tiene cuidado con ella
piensen en el Nocturno de José Asunción Silva
o en el Poema 20 de Neruda
lo poesía debe ser positiva
como la Corporación de Fomento
o los Ferrocarriles del Estado
la libertad de expresión es un mito.

Me divierte pensar que Parra en verdad estudió física teórica (como Sheldon Cooper) y que quizás empezó a escribir poesía en el tiempo libre que le dejaban sus clases en Brown. Hoy, a sus 95 años, Parra vive en su casa en el balneario de Las Cruces –apropiadamente lejos de Santiago de Chile– y sus vecinos han bautizado su barrio como “El Vaticano”. Dice que ahora está escribiendo poesía para niños y vive maravillado de las aventuras de sus nietos y bisnietos. Lo leen en todo el mundo pero él ya no se sube a los aviones.

Sherlock Holmes jamás dijo “Elemental, mi querido Watson”

6 May

Estudio en escarlata de Sir Arthur Conan Doyle

Según Lupi

Recuerden el nombre de Sir Arthur Conan Doyle. Este es el nombre del hombre que muy probablemente haga una mueca de disgusto, extrañeza y repulsión al ver que su bienamado personaje Sherlock Holmes ha sido interpretado en el cine como una suerte de máquina asesina encantadora con la cara de Robert Downey Jr. encima.

Ahora, cuando piensen en Sherlock Holmes, la mayoría de personas tendrá en la mente la cara de Iron Man. Lo cual es un poco triste, no por Robert Downey Jr. (que está simpático), sino porque todos los que hemos leído las novelas o relatos de Sherlock Holmes sabemos que así precisamente no se comporta Holmes.

Sherlock Holmes es un ermitaño que evita salir a la calle si no es absolutamente necesario, con un ego tan grande como su genio, se considera a sí mismo el primer detective asesor del mundo, a quien como último recurso acuden los detectives que no logran descifrar un crimen.

Con conocimiento en boxeo y artes marciales, entre otros, autor de numerosos estudios como las maneras de reconocer las cenizas de cigarro y tabaco (Holmes puede reconocer 140 tipos de cenizas), Sherlock Holmes ignora que los planetas giran alrededor del sol y además es un virtuoso tocando el violín.

Para Sherlock Holmes la realidad es tan mundana y trivial que su mente necesita más estímulos para poder ejercitarse cuando no está resolviendo un caso, justificación que le da a su compañero de apartamento, el ex médico de guerra John Watson, cuando éste finalmente junta el valor necesario para preguntarle a Holmes por qué se inyecta cocaína a diario.

A partir de una gota de agua -decía el autor-, cabría al lógico establecer la posible existencia de un océano Atlántico o unas cataratas del Niágara, aunque ni de lo uno ni de lo otro hubiese tenido jamás la más mínima noticia. La vida toda es una gran cadena cuya naturaleza se manifiesta a la sola vista de un eslabón aislado. (…) Por ejemplo, cómo apenas divisada una persona cualquiera, resulta hacedero inferir su historia completa, así como su oficio o profesión. Parece un ejercicio pueril, y sin embargo afina la capacidad de observación, descubriendo los puntos más importantes y el modo como encontrarles respuesta. Las uñas de un individuo, las mangas de su chaqueta, sus botas, la rodillera de los pantalones, la callosidad de los dedos pulgar e índice, la expresión facial, los puños de su camisa, todos estos detalles, en fin, son prendas personales por donde claramente se revela la profesión del hombre observado.

Mi novela favorita es la primera, Estudio en escarlata. Narrada por Watson, este describe cuando conoció a Holmes, cómo es la convivencia con él en el 221B Baker Street, las técnicas del detective y su experiencia ayudándolo en el primer caso que resuelven juntos. Texto que luego muestra al propio Sherlock Holmes, cuya opinión de Estudio en escarlata es que es demasiado romántico y sentimental.

Desde hace tiempo tenía curiosidad de leer algo de Arthur Conan Doyle y su brillante personaje. Hace un año me acerqué al libro con cuidado, pensando que quizás sería pesado, famoso en su tiempo, pero quizás con un lenguaje complejo y un ritmo lento o aburrido. Conseguí un libro con las cuatro novelas en inglés, así que me arriesgaba también a no entender ni un carajo del inglés británico del siglo diecinueve, pero luego de las primeras páginas mis temores se convirtieron en interés y en un cariño especial para con el personaje de Sherlock Holmes. Me intrigó la relación de Watson con Holmes, su amistad, la interacción entre ese doctor cansado y sin mayores esperanzas, con aquel detective egocéntrico embebido en su mundo formado por casos criminales, la mayoría de los cuales era capaz de resolver con poquísimas pistas desde el sofá de su casa.

El lenguaje es fluido, y si saben inglés, las palabras que no se entienden, que no son muchas, se pueden sacar por contexto (en la librería Ibero de Larcomar vi los libros en inglés, uno de las cuatro novelas y otro con los relatos). Además, es refrescante poder jugar a dar con el culpable antes que Sherlock, tarea imposible por lo demás porque no somos genios, no somos londinenses del siglo pasado y porque tenemos muy presente la palabra ADN en nuestro vocabulario. Seguirle la pista a alguien sin tanta tecnología es lindo, los casos con personajes de la época interesantes y hasta ahora no he visto como culpable a algún orangután como en Asesinato en la calle Morgue de Edgar Allan Poe que, con su permiso, fue una total sacada de carta debajo de la manga y embuste para mi persona.

Los relatos de Conan Doyle, además, están impregnados del encanto de Holmes, el cual no solo reside en su genio, sino sobre todo en su muy particular filosofía. Entre pista y pista, asesino y asesino, Holmes nos arroja alguna perla sobre tu manera de pensar y enfrentar la vida.

No me llama la atención por ello que una de mis series favoritas sea Dr. House, personaje inspirado en Holmes. Comparten en mi opinión esta cualidad tan atractiva como escasa en las últimas décadas: un amor por la razón. Holmes fue publicado en la época del modernismo, cuando se creía en la razón por sobre todo, la mente era la clave para la solución de los problemas, la historia tenía un sentido, y aquel sentido era el que la mente (eurocéntrica y occidental) le otorgaba. Ahora, algunos dirán que no, pero culturalmente estamos en lo que se podría llamar posmodernismo, donde nadie tiene razón, todo es relativo, la historia no tiene una linealidad sino que es múltiple, diversa y caótica.

En estos tiempos del new age, multiculturalismo, fantasmas, auras, etcétera, mentalidades que se basan en la razón por sobre todo son atractivas y necesarias. ¿Por qué? Porque tienen la fuerza suficiente para decir yo estoy bien, tú estás mal, y es por esta razón (ya sean argumentos científicos, simples prioridades personales u opiniones subjetivas), y porque tienen la autoridad para decirte en tu cara “no, pequeño idiota, el 2012 no va a ser el fin del mundo, anda y haz algo productivo de tu vida”.

Ahora todo está tan sobre todo lo demás que nadie ya se atreve a pensar o decir esto. Ahora la palabra por excelencia es tolerancia, lo cual esconde a veces, una indiferencia frente a todo. Nada está definido porque nadie lo define. Por ello, en medio de este paisaje grisáceo y amorfo, hay algo seductor y tranquilizante en una filosofía como la de Sherlock Holmes, este detective para detectives, con esta manera de enfrentar la vida basada en la lógica, la inducción y la deducción.

Por algo, en ninguno de los libros, Sherlock Holmes jamás dice “Elemental, mi querido Watson”, y creo que jamás dijo eso porque nada en verdad es elemental. Toda respuesta es producto de un entrenamiento mental, de ardua observación.

Una de mis partes favoritas de Estudio en escarlata es cuando Watson se entera que Sherlock Holmes no sabe que los planetas giran alrededor del sol. Watson casi enloquece ante su ignorancia y Holmes le responde:

-Parece usted sorprendido -dijo sonriendo ante mi expresión de asombro-. Ahora que me ha puesto usted al corriente, haré lo posible por olvidarlo.

-¡Olvidarlo!

-Entiéndame -explicó-, considero que el cerebro de cada cual es como una pequeña pieza vacía que vamos amueblando con elementos de nuestra elección. Un necio echa mano de cuanto encuentra a su paso, de modo que el conocimiento que pudiera serle útil, o no encuentra cabida o, en el mejor de los casos, se halla tan revuelto con las demás cosas que resulta difícil dar con él. El operario hábil selecciona con sumo cuidado el contenido de ese vano disponible que es su cabeza. Sólo de herramientas útiles se compondrá su arsenal, pero éstas serán abundantes y estarán en perfecto estado. Constituye un grave error el suponer que las paredes de la pequeña habitación son elásticas o capaces de dilatarse indefinidamente. A partir de cierto punto, cada nuevo dato añadido desplaza necesariamente a otro que ya poseíamos. Resulta por tanto de inestimable importancia vigilar que los hechos inútiles no arrebaten espacio a los útiles.

-¡Sí, pero el sistema solar..! -protesté.

Como termina Estudio en escarlata, Sherlock Holmes y Watson parecen ir por el mundo con una sonrisa entre los dientes, con la seguridad y calma que destilan los que tienen razón y saben que tienen razón, así no tengan razón, mientras los otros son los que se llevan los aplausos.

El pueblo me abuchea, pero yo me aplaudo.

Yo mismo, en casa, al mismo tiempo también examino las riquezas de mis arcas.

***

En la página dedicada a la difusión de contenido libre en Internet, Héroes Locales, publicaron links para la descarga gratuita de este libro, además de wallpapers de Sherlock Holmes. Ñaaa

¿Qué estrella cae sin ser vista?

30 Abr

Estrella distante de Roberto Bolaño

según Miki

What star falls unseen?, nos pregunta Faulkner desde el epígrafe del libro. Ninguna. Estrella distante es la cuarta novela que publicó Roberto Bolaño y representa, en buena medida, un prólogo estético y temático a lo que sería el resto de su obra en prosa. Si pudiera trazarse un gráfico sobre su obra, se diría que esta novela es el inicio del despegue de Bolaño como narrador y es un excelente libro para empezar a leer a Roberto Bolaño.

Érase una vez un niño pobre de Chile… El niño se llamaba Lorenzo, creo, no estoy seguro, y he olvidado su apellido, pero más de uno lo recordará, y le gustaba jugar y subirse a los árboles y a los postes de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos, lo que de por sí hacía su situación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo que convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable. (p. 81)

La novela cuenta la historia de Alberto Ruiz-Tagle, un curioso personaje que frecuentaba sin pena ni gloria los talleres de literatura de la Universidad de Concepción durante los últimos meses del gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe, Ruiz-Tagle asume una nueva identidad y empieza a protagonizar una serie de performances poéticas desde un viejo avión alemán por los cielos de Concepción como trazar versículos de la Biblia (algo que él se apura en denominar la “nueva poesía”). Rápidamente, su fama lo lleva a alcanzar la condición de figura nacional y su nombre está en todas partes. Al mismo tiempo, muchas de las jóvenes poetas que frecuentaban los talleres de poesía de Concepción empiezan a desaparecer. Pero en una época en que todos desaparecían, a nadie parece importarle la relación de Ruiz-Tagle con esas desapariciones.

Contada en primera persona en clave de relato policial, la novela reconstruye la historia y alrededores de la suerte de Ruiz-Tagle, también llamado Carlos Weider, a lo largo de más de veinte años. Desaparecido pocos meses después de inaugurar una extraña exposición fotográfica en Santiago, sabemos de los siguientes movimientos de Weider a través de una serie de conjeturas, falsas pistas y poemas publicados en forma dispersa de cuyo hallazgo el narrador da cuenta.

Su vida entonces, tal cual enseña la leyenda, desfiló por delante de sus ojos como una película. Algunos trozos eran en blanco y negro y otros a colores. El amor de su pobre madre, el orgullo de su pobre madre, las fatigas de su pobre madre abrazándolo por la noche cuando todo en las poblaciones pobres de Chile parece pender de un hilo (en blanco y negro), los temblores, las noches en que se orinaba en la cama, los hospitales, las miradas, el zoológico de las miradas (a colores), los amigos que comparten lo poco que tienen, la música que nos consuela, la marihuana, la belleza revelada en sitios inverosímiles (en blanco y negro), el amor perfecto y breve como un soneto de Góngora, la certeza fatal (pero rabiosa dentro de la fatalidad) de que sólo se vive una vez. Con repentino valor decidió que no iba a morir. Dice que dijo ahora o nunca y volvió a la superficie. El ascenso le pareció interminable; mantenerse a flote, casi insoportable, pero lo consiguió. Esa tarde aprendió a nadar sin brazos, como una anguila o como una serpiente. Matarse, dijo, en esta coyuntura sociopolítica, es absurdo y redundante. Mejor convertirse en poeta secreto. (p. 82)

Siento que hay un profundo horror que se mantiene latente a lo largo de la novela: en ningún momento aflora pero se percibe, como una luz intensa cuya cercanía que ciega a los personajes. El Chile de Pinochet, un país convulso, un loco que añora el Tercer Reich, muertes, detectives, prisiones, todo la ambientación de la novela se presta para que algo malo suceda o se cuente. Pero la novela, a la vez, está llena de historias y pasajes geniales y arrebatados, pequeños descubrimientos que alimentan la mente del lector. Estamos, sin duda, ante el Bolaño más fresco, en el que ya se sienten las voces y puntos de vista de Los detectives salvajes, donde se adivina la melancolía de Nocturno de Chile, las historias universitarias y políticas de Amuleto y el horror de la maldad interminable de 2666.

En contra del orden cronológico, esta es una de las últimas novelas de Bolaño que me faltaba leer y la he leído en menos de un día, sin poder pensar en otra cosa y repitiéndome que me estuve perdiendo de mucho. Es increíble que se haya publicado en 1996, cuando tenía nueve años, y cuando el resto del mundo ni se esperaba lo que en unos años más sería la obra de Bolaño.


Título original: Estrella distante
Autor: Roberto Bolaño
Año de publicación: 1996
157 páginas en la séptima edición de Anagrama, Barcelona, 2009.

La larga noche de Piura

3 Abr

Las jerarquías de la noche de Francisco Tumi

según Miki

Hay un episodio en La sombra del viento de Ruiz Safón en el que uno de los personajes explica que los libros son como espejos y que en ellos sólo somos capaces de leer aquello que llevamos dentro. Nos encantan las historias porque nos hablan de nosotros, porque en ellas somos capaces de reconocernos y aprender sobre nosotros mirando hacia afuera. Las jerarquías de la noche es la historia de tres amigos piuranos que migraron a Lima para estudiar en la Universidad, de sus primeros años en una ciudad tan de todas partes como Lima y de lo que en ella conocieron, sufrieron y bebieron. A su manera, es la historia de cualquier adolescente que sale de casa, que quiere aprehenderlo todo, que tiene poco menos de veinte años y siente que el mundo gira a su alrededor.

Antuán, el Loco y Javicho, tres alumnos del colegio jesuita de Piura, se cansaron de leer la Guía del revolucionario cristiano por las calles de la urbanización Santa Isabel y viajaron a Lima a convertirse en profesionales. Juntos descubrirán a un país convulso –el Perú de los últimos años del segundo gobierno de Belaúnde– en el que sus sueños se chocarán constantemente con la una realidad hedionda en la que solo algunos aprenderán a nadar y los demás se hundirán. A su manera, la novela cuenta el crecimiento y la pérdida progresiva de la inocencia de los protagonistas, quienes verán lo difícil que es crecer en un país que se rompe.

La historia de la novela se abre con la noche de su fiesta de promoción y la última travesura del grupo de amigos del colegio. Las consecuencias de esa noche irán contaminando los siguientes capítulos de la novela, en los que veremos a los protagonistas decidiendo si volver o no a Piura para el matrimonio de uno de los amigos con una ex compañera de promoción.

Me he cruzado varias veces en la Universidad con Francisco Tumi. Nunca me he atrevido a hablarle. Me gustaría agradecerle por haber escrito una novela tan sentida, que me enseñó un par de cosas sobre crecer, que me reveló a los dieciocho años la poesía de Jorge Eduardo Eielson y Juan Gonzalo Rose  y cuyo recuerdo me acompañó mucho tiempo. Ojalá esté escribiendo otra novela y pronto nos vuelva a sorprender.


Título original: Las jerarquías de la noche
Autor: Francisco Tumi
Año de publicación: 2004
425 páginas en la edición de Alfaguara, Lima, 2004.

El día que Orson Welles tradujo a Kafka

21 Ene

El Proceso de Franz Kafka bajo la atenta mirada de Orson Welles

según Miki

Orson Welles asumió un gran reto cuando en 1960 le propuso al productor Alexander Salkind hacer una película sobre la novela El Proceso de Franz Kafka. Desde su publicación en 1925, un año después de la muerte de su autor, El Proceso había sido una novela admirada y cuestionada a la vez por lo difícil de su lectura, por la negativa de Kafka a publicarla en vida y por lo que representaba en la obra de un escritor que cada vez cobraba mayor importancia a nivel mundial. Orson Welles se comprometió a filmarla y decidió no hacer una traducción de la novela al cine, sino más bien tomar la historia y hacerla suya. Por ello, antes que una adaptación directa, la película es una remezcla de la historia original bajo los propios términos de Welles. Esta intervención se deja ver tanto en la historia como en el tratamiento estético del filme.

El que la novela El Proceso se haya publicado en forma póstuma es un elemento clave en cualquier aproximación interpretativa. El Proceso sobre el que se basó la película es fruto de un intento de conglomeración de los capítulos hallados a la muerte del autor, pero no representa fielmente la idea que Kafka tenía de la novela y de la historia. En los meses anteriores a su muerte víctima de una larga enfermedad, Kafka encomendó a su amigo Max Brod la incineración de todos sus cuadernos y manuscritos. Conocedor del valor que dichos escritos tenían para la literatura universal, Brod traicionó la confianza de Kafka y se dedicó a ordenarlos y publicarlos íntegramente durante los siguientes años. En el caso particular de lo que hoy conocemos como la novela El Proceso, lo que Brod halló fue una serie de cuadernos que relataban una historia común a un solo personaje: Josef K., pero en episodios individuales sin un fuerte nexo narrativo que Kafka había escrito durante los años de la Primera Guerra Mundial[1]. Fue así que él mismo intentó ordenar los capítulos y publicó una primera edición en 1925 en el que él creía era el orden de la novela. Para la segunda edición, se publicaron como anexo los capítulos incompletos que no fue posible ubicar temporalmente en la línea histórica de la primera edición. El Proceso que hoy conocemos, por ende, es más bien un reflejo de un intento de composición de la novela. El orden original de la novela es aún un misterio[2].

(más…)

Ruidos. Voces. Rumores.

4 Sep

Pedro Páramo de Juan Rulfo

según Miki

Hay frases iniciales que se quedan con uno para siempre. Basta con leer, por ejemplo, “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana” o “Llámame Ismael.” para que a uno se le erice la piel. Pedro Páramo, la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), se abre con una frase igualmente conmovedora y profética “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Apenas termino de leer esta frase, siento que podría suceder cualquier cosa.

El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: “Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él”. Pensé: “No regresará jamás; no volverá nunca.

La novela cuenta la historia de Juan Preciado, un joven que le prometió a su madre en su lecho de muerte viajar a “cobrarle” a su padre el olvido en el que los tuvo desde su nacimiento. Así, llega a un pueblo perdido en la geografía mexicana llamado Comala en busca de ese tal Pedro Páramo que había frecuentado a su madre durante los años de la revolución mexicana. Aunque parece no haber nada ni nadie en el pueblo, desde su llegada Juan Preciado será abordado por un concierto de voces extrañas que lo asaltarán de a pocos con sus propias historias.

Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.
Lejos, perdido en la oscuridad, se oía el bramido de los toros.

Juan Rulfo se quedó huérfano a los diez años y desde entonces creció prácticamente solo, primero con sus abuelos y luego en un orfanato. En su vida, como en la vida de Juan Preciado, sintió muchas veces la ausencia de una figura paterna. Conoció las historias paralelas sobre las guerras cristeras y sobre los miles de hijos no reconocidos que la guerra regó por México. Aunque vivió hasta casi los setenta años solo publicó dos libros, que le valieron ser considerado como un de los escritores imprescindibles en habla hispana. Ese fue su propio viaje de descubrimiento. Pedro Páramo –“una de las mejores novelas en lengua hispánica, y aún de la literatura” según Borges– fue su cuaderno de viaje.

Este es un libro lleno de fantasmas y de ausencias. Hay una profunda pena que atraviesa la novela. A través de las narraciones de los distintos personajes, escondidos entre los escombros de Colama, Preciado irá armando el rompecabezas de la vida de su padre. Una vida que, aunque lejana, resultará sospechosamente similar a la suya. La pérdida de un ser querido, la desesperación, el larguísimo desierto mexicano dentro del cual todos somos insignificantes. Un tirano, que se llama Páramo pero que bien podría llamarse Videla o Trujillo, herido por una pérdida sentimental que va progresivamente arrastrando a la ruina a su pueblo.

Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti. ¿Cuántas veces invité a tu padre a que viniera a vivir aquí nuevamente, diciéndole que yo lo necesitaba? Lo hice hasta con engaños.

Foto de J.Rangel, CC BY-NC-ND

La balada de Cora y Frank

25 Jun

El cartero llama dos veces de James M. Cain

según Miki

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Esta es una novela negra, no es una historia feliz. Hay gente que muere, varios tipos malos y aparecen abogados contratados por aseguradoras. Hay, como tantas veces, un pueblo pequeño y apacible (casi marginal) que se ve inmerso en el escándalo de un trágico accidente que involucra a tres personas perfectamente corrientes a los ojos de todos. Para mí, la novela se abre con un gran plano abierto: la imagen de un hombre que deambula por el extremo de una autopista interestatal de California, con las manos dentro de la casaca de cuero y sin otro equipaje que lo que lleva puesto y una cajetilla de cigarros por la mitad. En el fondo, apenas divisa el letrero mal iluminado de una cafetería para camioneros. Mientras se sienta y conversa con el encargado de la fonda, Frank Chambers –nuestro protagonista– es incapaz de adivinar hasta qué punto su destino va a quedar marcado por ese momento. Entonces pide un café o huevos o quizás ambas cosas y lo captura la imagen de una mujer trabajando en la cocina. Conoce a Nick Papadakis, dueño de la fonda, quien le ofrece trabajo y lo hospeda en su casa. La mujer resulta ser la esposa de Papadakis, una mujer silenciosa y un poco arisca de quien Frank termina tormentosamente enamorado. Ello desencadena un triángulo de engaños y muerte de la que todos saldrán perdiendo. Esta, lo repito, será siempre una novela negra o un drama policial: cualquier cosa menos una historia feliz.

Se podría decir que el tema central de El cartero llama dos veces es las oportunidades. La novela cuenta la historia de cómo, por mero azar, dos personas sin escrúpulos terminan cometiendo un crímen pasional que acaba por envolverlos a ellos mismos, por enfrentarlos a su propia naturaleza oportunista y finalmente destruirlos. A mí me trae la evocación de los clásicos ambientes de la novela negra, las habitaciones oscuras y los tipos misteriosos que fuman sin descanso. Frank y Cora solo son capaces de sentir una conexión con sus propias ambiciones. Ella venía de una familia problemática y desarticulada, de un mundo en el que casarse con un hombre mayor con dinero era siempre una forma de progreso. Él venía de varias temporadas en la prisión de San Francisco, de muchas noches apostando en cantinas y enamorando mujeres. Más que un cruce, el trazo de sus destinos les aguardaban una colisión.

A su manera, y guardando las distancias, pienso el argumento de El cartero llama dos veces es una revisita a Los Miserables de Victor Hugo. Todos sus personajes son personas infelices, marginales, que ostentan siempre un vicio (las mujeres, el dinero, el acohol) más que como un estigma, como un rasgo definitorio de su personalidad. Pero ninguno intenta cambiar salvo Cora. La novela podría leerse también como la historia de la corrupción definitiva de Cora. Todos a su alrededor saben quién es y saben que finge cuando sirve el café en la fonda de su esposo. Ella misma lo sabe pero, tras un trágico incidente, intenta tomar un nuevo rumbo, asentarse, quizás hasta tener una familia. En el fondo quiere volver a ser la chica rubia de un pueblo pequeño que sueña con ir al cine o a las fiestas. Pero es muy tarde. Cora no puede desligarse de su naturaleza ni de su entorno. Ese mismo entorno que la destruirá.

Existen hasta cuatro adaptaciones de esta novela al cine. Una del año 1946,  a cargo de Tay Garnett, con Lara Turnes y Jhon Garfield como protagonistas. La segunda, dirigida en 1981 por Nick Rafelson, tiene como protagonista a un joven Jack Nicholson. Pero, sin duda, la mejor adaptación de todas es la realizada en 1942 por el genial Luchino Visconti considerada como la película que inició el movimiento del neorrealismo italiano.

Título original: The Postman Always Rings Twice
Autor: James M. Cain (Maryland, 1892 – 1977)
Año de publicación: 1940
158 páginas en la edición de Emecé-Planeta, Buenos Aires, 2003.

Me resulta imposible decirlo

15 Jun

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

Según Lupi

Yo y mi hermano en los columpios

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi es un libro al cual le tengo un cariño especial. ¿La razón? Por algún insondable motivo, aun siendo mujer y estar en mis veintes, me identifico con Pereira, un señor viudo con problemas cardíacos.

Esta breve novela cuenta la historia de él, Pereira, un periodista tan panzón como cincuentón que, de un día soleado para otro, se ve a sí mismo encargado de la sección cultural del Lisboa, un diario de estela católica y tiraje modesto en la Portugal salazarista de los años treinta.

Para ello se presta de la ayuda del recién graduado Monteiro Rossi, un joven descarado y rebelde, quien más que un apoyo para el Lisboa, resulta siendo un elemento tan perturbador como catalizador para la vida de nuestro héroe. La piedra molesta en el zapato de cuero marrón, viejo y bien amarrado de Pereira, que hace que éste baje la mirada hacia sus pies y repare por fin en el camino que ha venido siguiendo durante tantos años.

Tantos años bajo la dictadura de Salazar, tantas tardes almorzando omelette a las finas hierbas y limonada en el Café Orquídea, tantas noches contándole su día al retrato de su difunta esposa… Siempre Pereira tan apolítico e independiente, pero, por alguna razón, siempre tan creyente en el alma.

En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

En este breve libro, Tabucchi logra dar vida a un personaje entrañable, cuyo nombre e íntimas obsesiones aparecen a lo largo de la historia de manera musical, cual mantra que se repite en loop. El soplar del viento, el motor de los autos, el sonido de las olas… el ritmo subyacente de la vida de Pereira. Un arrullo que Tabucchi nos presenta a veces como piedras en el camino con las cuales tropezamos una y otra vez, y otras como latidos del corazón que nos permiten seguir existiendo. Las fallas de fábrica que nos definen. La palabra que no conseguimos llenar en nuestro crucigrama.

Tierno y cauto, Pereira se muestra como un ser aparentemente apático, que va por la vida con la misma inercia con la cual un niño colorea un dibujo ajeno sin salirse de las líneas. Quizás por eso me identifico con Pereira, por la tendencia al fracaso que lo inmoviliza, que no es más que el rastro de una fijación con la muerte en todas sus extensiones. Una persona que intuye la palabra faltante en su crucigrama, pero que sabe muy bien que si lo completa, tendrá que tirar el periódico a la basura. ¿Y después qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

Y, como él, Pereira, espero darme cuenta de que la vida y la muerte, así como la causa y el efecto, todos son pretextos para dejar salir lo que teníamos siempre dentro pero que nos resultaba imposible decir: un ronroneo tibio que nos susurra que, al fin y al cabo, lo que se opone a la incertidumbre es el compromiso, lo que se opone a la parálisis es la caída, y que finalmente lo que se opone al miedo es el amor.

Cenizas sobre Montevideo

22 Feb

Plata quemada de Ricardo Piglia
según Miki

Una maravillosa simbiosis gestáltica. Los mellizos: Brignone y Dorda. El Nene y el Gaucho Rubio se conocieron desde chicos y, desde entonces, han descubierto juntos la delincuencia, las drogas, la medialuz de los hostales de provincia, el amor y también el fracaso. Los mellizos, junto a Malito y Mereles, son los protagonistas de la novela policial Plata Quemada. Juntos, en una operación hasta entonces sin precedentes en el mundo criminal argentino, van a dejar atrás su hisstorial de fracasos criminales, asaltarán un banco y saldrán con más de medio millón de dólares bajo el brazo. En el camino, perderán el miedo a perderlo todo.

Sintió el gusto de la sangre en los labios y el dolor de un diente roto y por los ojos nublados veía la blancura de la tarde. Mi madre siempre supo que yo estaba destinado a no ser entendido y nadie me entendió nunca. pero a veces he logrado que algunos me quisieran. Oh, padre dijo, como en un eco lejano, el caballo tobiano me va a sacar de aquí. Iba entonces ahora a reunirse con el Nene Brignone, en el campo abierto, en el trigal, en la noche tranquila. La sirena de la ambulancia se alejó y perdió al doblar la esquina de Herrera y la calle quedó por fin vacía.

Pero, ¿qué es robar un Banco comparado con fundarlo?, nos pregunta Piglia desde el epígrafe que abre la novela. Nada. Plata Quemada cuenta la historia real del asalto perpretado a la bóveda de un Banco en San Fernando, en la Provincia de Buenos Aires, en 1965. Los múltiples detalles que ha cuidado  Ricardo Piglia en la reconstrucción de esta historia aportan a la novela un golpe de realismo genial. El trabajo del novelista argentino se refleja, principalmnete, en el uso del lenguaje de la época, la recreación de la atmósfera y tensión del desenlace, las callecitas de Montevideo y la reproducción de conversaciones reales entre los asaltantes. Pigilia cuenta que la motivación para escribir la historia surgió en él treinta años antes de que por fin fuese publicada, cuando era un adolescente y viajaba en un tren hacia Bolivia. Allí conoció a la amante fugitiva de uno de los asaltantes quien, entre sentimentalería y exaltación, le hizo ver lo humano y fascinante en un crimen del que él vagamente recordaba tener noticia.

Me parece que ese sueño empieza con una imagen. Me gustaría terminar este libro con el recuerdo de esa imagen, es decir con el recuerdo de la muchacha que se va en el tren a Bolivia y asoma su cara por la ventanilla y me mira seria, sin un gesto de saludo, quieta, mientras yo la veo alejarse, parado en el andén de la estación vacía.

Cuando pienso en esta novela me viene siempre a la cabeza la dupla protagonista conformada por Brignone y Dorda. La complicidad que se forma entre ellos me recuerda mucho a la que interpretan Tom Cruise y Dustin Hoffman en Rainman (1988). Uno es un criollo, vagabundo, homosexual y vicioso. El otro, es más bien un gigante de corazón blando pero manos asesinas, fiel a sus amigos y temeroso de los extraños. La correcta construcción de sus personabilidades logra llevar a la novela un nivel más abajo de la narración de los sucesos y nos habla de la historia de dos amigos o dos amantes escapando de su destino. El mismo Piglia asocia la trama a la de un drama griego clásico en el que los protagonistas tratan de escapar al inexorable destino que los dioses le han asignado. Finalmente, creo que la novela intenta mostrar el componente humano de un criminal y lo logra.

Título original: Plata Quemada
Autor: Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1940)
Año de publicación: 1997.
227 páginas en la edición de Anagrama, Barcelona, 2000.

El Código Sofocleto

20 Dic

El Código de honor del Marqués de Cabriñana de Sofocleto

según Miki

sofocleto

El presente volumen es lo que podría llamarse “El Pensamiento Vivo del Marqués de Cabriñana” y es una radiografía de la verdadera naturaleza que tienen los duelos, convertidos hoy –debido al progreso y a las nuevas drogas contra el cretinismo– en una verdadera pieza de museo, que a los espectadores del produce risa y a los protagonistas diarrea. Donde ocurre que quieren pretenden lavar su honor, terminan al final lavando sus calzoncillos.

Entonces tenía once o doce años. Mi tío Carlos y yo habíamos caminado más de una hora por el mercado de Trujillo buscando una edición íntegra de Las mil y una noches. Hartos del sol, de alguna forma recalamos en una oscura librería de saldos en la que algo pareció interesarle. No era el libro que buscábamos pero, tras cancelar su precio, anunció que nuestra búsqueda había finalizado. Recuerdo que tenía las tapas azules y a un tipo bigotón en pijamas en la carátula. Creo que él no lo sabe pero así fue como obtuve el primer libro que leí en serio –quiero decir sin saltarme hasta la última página– en mi vida. El libro era el Manual del perfecto deportado y su autor, hasta entonces un desconocido para mí, era Sofocleto.

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