Ruidos. Voces. Rumores.
4 Sep
Pedro Páramo de Juan Rulfo
según Miki
Hay frases iniciales que se quedan con uno para siempre. Basta con leer, por ejemplo, “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana” o “Llámame Ismael.” para que a uno se le erice la piel. Pedro Páramo, la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986), se abre con una frase igualmente conmovedora y profética “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Apenas termino de leer esta frase, siento que podría suceder cualquier cosa.
El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: “Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él”. Pensé: “No regresará jamás; no volverá nunca.
La novela cuenta la historia de Juan Preciado, un joven que le prometió a su madre en su lecho de muerte viajar a “cobrarle” a su padre el olvido en el que los tuvo desde su nacimiento. Así, llega a un pueblo perdido en la geografía mexicana llamado Comala en busca de ese tal Pedro Páramo que había frecuentado a su madre durante los años de la revolución mexicana. Aunque parece no haber nada ni nadie en el pueblo, desde su llegada Juan Preciado será abordado por un concierto de voces extrañas que lo asaltarán de a pocos con sus propias historias.
Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.
Lejos, perdido en la oscuridad, se oía el bramido de los toros.
Juan Rulfo se quedó huérfano a los diez años y desde entonces creció prácticamente solo, primero con sus abuelos y luego en un orfanato. En su vida, como en la vida de Juan Preciado, sintió muchas veces la ausencia de una figura paterna. Conoció las historias paralelas sobre las guerras cristeras y sobre los miles de hijos no reconocidos que la guerra regó por México. Aunque vivió hasta casi los setenta años solo publicó dos libros, que le valieron ser considerado como un de los escritores imprescindibles en habla hispana. Ese fue su propio viaje de descubrimiento. Pedro Páramo –“una de las mejores novelas en lengua hispánica, y aún de la literatura” según Borges– fue su cuaderno de viaje.
Este es un libro lleno de fantasmas y de ausencias. Hay una profunda pena que atraviesa la novela. A través de las narraciones de los distintos personajes, escondidos entre los escombros de Colama, Preciado irá armando el rompecabezas de la vida de su padre. Una vida que, aunque lejana, resultará sospechosamente similar a la suya. La pérdida de un ser querido, la desesperación, el larguísimo desierto mexicano dentro del cual todos somos insignificantes. Un tirano, que se llama Páramo pero que bien podría llamarse Videla o Trujillo, herido por una pérdida sentimental que va progresivamente arrastrando a la ruina a su pueblo.
Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti. ¿Cuántas veces invité a tu padre a que viniera a vivir aquí nuevamente, diciéndole que yo lo necesitaba? Lo hice hasta con engaños.
Foto de J.Rangel, CC BY-NC-ND

