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Me resulta imposible decirlo

15 Jun

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

Según Lupi

Yo y mi hermano en los columpios

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi es un libro al cual le tengo un cariño especial. ¿La razón? Por algún insondable motivo, aun siendo mujer y estar en mis veintes, me identifico con Pereira, un señor viudo con problemas cardíacos.

Esta breve novela cuenta la historia de él, Pereira, un periodista tan panzón como cincuentón que, de un día soleado para otro, se ve a sí mismo encargado de la sección cultural del Lisboa, un diario de estela católica y tiraje modesto en la Portugal salazarista de los años treinta.

Para ello se presta de la ayuda del recién graduado Monteiro Rossi, un joven descarado y rebelde, quien más que un apoyo para el Lisboa, resulta siendo un elemento tan perturbador como catalizador para la vida de nuestro héroe. La piedra molesta en el zapato de cuero marrón, viejo y bien amarrado de Pereira, que hace que éste baje la mirada hacia sus pies y repare por fin en el camino que ha venido siguiendo durante tantos años.

Tantos años bajo la dictadura de Salazar, tantas tardes almorzando omelette a las finas hierbas y limonada en el Café Orquídea, tantas noches contándole su día al retrato de su difunta esposa… Siempre Pereira tan apolítico e independiente, pero, por alguna razón, siempre tan creyente en el alma.

En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

En este breve libro, Tabucchi logra dar vida a un personaje entrañable, cuyo nombre e íntimas obsesiones aparecen a lo largo de la historia de manera musical, cual mantra que se repite en loop. El soplar del viento, el motor de los autos, el sonido de las olas… el ritmo subyacente de la vida de Pereira. Un arrullo que Tabucchi nos presenta a veces como piedras en el camino con las cuales tropezamos una y otra vez, y otras como latidos del corazón que nos permiten seguir existiendo. Las fallas de fábrica que nos definen. La palabra que no conseguimos llenar en nuestro crucigrama.

Tierno y cauto, Pereira se muestra como un ser aparentemente apático, que va por la vida con la misma inercia con la cual un niño colorea un dibujo ajeno sin salirse de las líneas. Quizás por eso me identifico con Pereira, por la tendencia al fracaso que lo inmoviliza, que no es más que el rastro de una fijación con la muerte en todas sus extensiones. Una persona que intuye la palabra faltante en su crucigrama, pero que sabe muy bien que si lo completa, tendrá que tirar el periódico a la basura. ¿Y después qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

Y, como él, Pereira, espero darme cuenta de que la vida y la muerte, así como la causa y el efecto, todos son pretextos para dejar salir lo que teníamos siempre dentro pero que nos resultaba imposible decir: un ronroneo tibio que nos susurra que, al fin y al cabo, lo que se opone a la incertidumbre es el compromiso, lo que se opone a la parálisis es la caída, y que finalmente lo que se opone al miedo es el amor.